La (in)dignidad (de la prensa) de Cataluña

Imaginen que la sociedad catalana, a través de sus medios de comunicación o de los órganos de expresión de sus organizaciones sociales y cívicas, a la vista de la deriva insurreccional que han tomado quienes ocupan la Generalitat -en rumbo de colisión directa con el Estado de Derecho-, hicieran público hoy mismo un texto que dijera lo siguiente:

“Están actuando como una cuarta cámara, confrontada con el Parlament de Cataluña, las Cortes Generales y la voluntad ciudadana libremente expresada en las urnas. Se trata de una situación inédita en democracia”.

“Hay motivos de preocupación. No nos confundamos, el dilema real es avance o retroceso; aceptación de la madurez democrática de una Cataluña plural, o el bloqueo de esta. No sólo están en juego este o aquel artículo, está en juego la propia dinámica constitucional: el espíritu de 1977, que hizo posible la pacífica transición.”

“Hay quien vuelve a soñar con cirugías de hierro que cercenen de raíz la complejidad catalana. Ellos va a decidir sobre la dimensión real del marco de convivencia catalán, es decir, sobre el más importante legado que los ciudadanos que vivieron y protagonizaron el cambio de régimen a finales de los años setenta transmitirán a las jóvenes generaciones, educadas en libertad, plenamente insertas en la compleja supranacionalidad europea y confrontadas a los retos de una globalización que relativiza las costuras más rígidas del viejo Estado nación”.

“Están en juego los pactos profundos que han hecho posible los treinta años más virtuosos de la historia de Cataluña. Y llegados a este punto es imprescindible recordar uno de los principios vertebrales de nuestro sistema jurídico, de raíz romana: Pacta sunt servanda. Lo pactado obliga”.

“Hay preocupación en Cataluña y es preciso que toda España lo sepa. Hay algo más que preocupación. Hay un creciente hartazgo por tener que soportar la mirada airada de quienes siguen percibiendo la identidad española (instituciones, estructura económica, idioma y tradición cultural) como el defecto de fabricación que impide a Cataluña alcanzar una soñada e imposible uniformidad, identidad española que resulta sometida tantas veces a obsesivo escrutinio por parte del catalanismo oficial”.

“Que nadie yerre el diagnóstico, por muchos que sean los problemas, las desafecciones y los sinsabores. No estamos ante una sociedad débil, postrada y dispuesta a asistir impasible al menoscabo de su dignidad. No deseamos presuponer un desenlace negativo y confiamos en su probidad”.

“Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable”.

¿Razonable, no? ¿No sería conveniente y hasta obligado en la situación actual un comunicado así? ¿Inapelable democráticamente, verdad?

Pues bien, ahora hagan abstracción de las comillas del texto de arriba. Cambien mentalmente la alusión a la Cataluña plural por la “España plural”; sustituyan la mención del marco de convivencia catalán, la complejidad catalana y la historia de Cataluña, por el “marco de convivencia español”, la “complejidad española” y la “historia de España”; y, finalmente,  truequen la invocación a la identidad española por la “identidad catalana” y el catalanismo oficial por el “españolismo oficial”.

Hecho todo eso, lo que ahí verán escrito es, mutatis mutandi, la literal esencia del famoso editorial conjunto que la práctica totalidad de la prensa catalana publicó el 26 de noviembre de 2009 bajo el título “LA DIGNIDAD DE CATALUÑA”.  A quienes dirigían unánimemente tan duros reproches los firmantes, poniendo incluso en duda su probidad, era –asómbrense- a los magistrados del Tribunal Constitucional que deliberaban en ese momento sobre las infracciones constitucionales del Estatut promovido por el tripartido y el nacionalismo.

Una de las preguntas que muchos nos hacemos desde fuera -y dentro- de Cataluña, es cómo es posible que la sociedad catalana, sus medios de comunicación y sus organizaciones sociales y cívicas no reaccionen de consuno y contundentemente ante el palmario golpe a la convivencia, la democracia y las instituciones catalanas que, a través de la Generalitat, están llevando a cabo Junts pel Sí y la CUP .

Evidentemente hay muchos factores que explican esa pasividad, al menos aparente, de la sociedad catalana. Pero uno de ellos es que, a pesar de todo -y de lo que vendrá- es dable pensar que nunca se hará público un “editorial conjunto”, o al menos mayoritario, en que esos reproches y acusaciones tan graves como los que se dirigieron a unos magistrados cuando deliberaban, se dirijan a quien, de verdad y ahora mismo, como “cirujano de hierro”, cercena y pone en juego el marco de convivencia, la pluralidad, el espíritu de 1977, la pacífica transición y el legado de las jóvenes generaciones insertas en la libertad y la globalización más allá del Estado-nación.

Es hora ya de que aquella “Dignidad de Cataluña” que intituló aquel vergonzante editorial se enfrente -sin necesidad de un unánime editorial totalizante- a quien de verdad la está en estos momentos denigrando.

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