La falsedad de la “revolución de las sonrisas”

Los propagandistas separatistas han asegurado desde el primer momento que su proyecto excluyente es “democrático”, “cívico” e “integrador”, y lo bautizaron, en un ejercicio de cinismo, como “la revolución de las sonrisas”. Nunca fue así, pero quisieron convencer al mundo que las demostraciones norcoreanas de centenares de miles de ciudadanos uniformados con la misma camiseta eran un ejercicio de libertad y de tolerancia, cuando lo que buscaban era excluir a la mayoría de los catalanes que abominan del separatismo.

Pero su discurso falso ya no se aguanta más. La “revolución de las sonrisas” se ha transformado en la “revolución de los escraches” para intentar amedrentar a los catalanes constitucionalistas que defienden la buena convivencia con el resto de compatriotas del resto de España. La imagen de un comando de radicales ocupando la sede central del PP catalán es la auténtica cara del secesionismo. O la de las agresiones en la Universitat Autònoma a los jóvenes de Societat Civil Catalana. O las amenazas de Llach a los funcionarios. O el ataque nocturno y con alevosía a las sedes de los otros partidos constitucionalistas.

Por suerte, ni los catalanes que luchamos por mantener vivo el proyecto español en nuestra comunidad autónoma, ni los partidos que nos representan, ni la prensa que sigue apoyando nuestros esfuerzos, nos rendimos. Es la mejor esperanza para garantizar que, al final, se impondrá la sensatez y ganará la convivencia.


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