El separatismo siempre va de cacería contra aquellos que no se plegan a sus intereses o manipulaciones, e intentan acabar con ellos como ejemplo para los demás, para que quede claro cuál es el precio a pagar por plantarles cara.
La enésima víctima no es precisamente un ‘unionista’, se trata de Xavier Muro, el secretario general del Parlament, cuya cabeza han pedido Quim Torra y otros dirigentes secesionistas por negarse a publicar en el boletín oficial de la cámara autonómica las disposiciones ilegales aprobadas en el pleno del pasado viernes.
En la Cataluña separatista cumplir las leyes democráticas del Reino de España es motivo de persecución. Porque a Torra y sus aliados solo les interesa su totalitarismo tribalista, y todo lo que se salga de este guion ha de ser perseguido. De ahí que Muro por ‘osar’ cumplir las normativas vigentes, esté siendo linchado política y socialmente.
No es nada nuevo, desde artistas, cineastas, políticos de la oposición, empresarios o ciudadanos de a pie son millones de catalanes los que sufren la opresión de un separatismo despótico que no tiene límites a la hora de pisotear los derechos de los que no piensan como ellos.
Comentario editorial de elCatalán.es
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