La crisis de la educación pública en Cataluña no es fruto del azar. Es el resultado directo de décadas de desatención política por parte de los sucesivos gobiernos de la Generalitat. Tanto ERC como Junts priorizaron sus ambiciones soberanistas por encima de las aulas. Convirtieron los centros educativos en herramientas de agitación ideológica en lugar de espacios de excelencia académica.
El Partit dels Socialistes de Catalunya, lejos de enmendar esta deriva, ha mantenido una complicidad silenciosa. Su paso por el poder autonómico o su influencia en la gobernabilidad han avalado una gestión nefasta y continuista. Los sucesivos informes y las alarmantes estadísticas internacionales reflejan una caída libre en competencias básicas. Las matemáticas y la comprensión lectora sufren un deterioro que ya resulta crónico.
La falta de exigencia académica se ha instalado de forma sistemática en el sistema público catalán. Se ha sacrificado el esfuerzo y el mérito en aras de un progresismo pedagógico mal entendido. Los docentes se sienten abandonados ante una burocracia asfixiante y la pérdida de autoridad en las aulas. La administración autonómica les ha negado los recursos y el respaldo institucional necesarios para enseñar.
Mientras las familias con recursos optan masivamente por la concertada o la privada, los más vulnerables quedan atrapados. Esta brecha profundiza las desigualdades sociales que la izquierda dice defender con eslóganes vacíos. La obsesión identitaria ha eclipsado cualquier debate serio sobre la modernización de los métodos de enseñanza. Se ha marginado el sentido común en beneficio de la ingeniería social y lingüística.
Revertir este desastre exige un cambio profundo de prioridades políticas y presupuestarias en el gobierno catalán. Es imprescindible recuperar la cultura del esfuerzo, la autoridad del profesor y la neutralidad institucional. Sin una educación rigurosa y libre de ataduras ideológicas, Cataluña hipoteca el porvenir de sus nuevas generaciones. Ni el PSC ni sus socios pueden seguir mirando hacia otro lado ante semejante fracaso colectivo.
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