El separatismo catalán, con su permanente obsesión por la construcción nacional, mantiene viva la ensoñación de renombrar la región francesa de los Pirineos Orientales, lo que en su jerga denominan «Catalunya Nord». La idea es cambiar la denominación por una con mayor connotación nacionalista, como «País Catalán» o «Cataluña del Norte». Sin embargo, esta aspiración se topa con la infranqueable realidad legal y política de Francia.
En el digital Vilaweb informan de cómo el Consejo Departamental de los Pirineos Orientales ha reactivado el proceso para cambiar el nombre, cumpliendo una promesa de campaña de su presidenta, Hermeline Malherbe. El mecanismo es un debate ciudadano que busca una propuesta de consenso antes de fin de año.
Este debate, que comenzará el 17 de noviembre, se ha convertido en el nuevo foco de las fuerzas identitarias del nacionalismo catalán. Pero Nicolas Garcia, vicepresidente del Consejo Departamental, ha sido claro: el Estado francés no aceptará un nombre que incluya la palabra «país». Esta es una línea roja que anula la opción preferida del ala más identitaria del nacionalismo catalán en el sur de Francia.
La terminología «País Catalán» es percibida en París como una referencia política potencialmente separatista y desestabilizadora. La rigidez y el centralismo del Estado francés no permiten este tipo de concesiones que puedan alimentar aspiraciones regionalistas con tintes soberanistas.
Por ello, la opción de «Pirineos Catalanes» gana fuerza como la única vía viable. Esta denominación permite mantener la referencia explícita a la catalanidad, que es lo que desean los impulsores del cambio, pero evita provocar al gobierno de París con el término «país», que resultaría en un veto inmediato.
La decisión final no recae sobre las instituciones locales. El cambio debe ser autorizado por el Consejo de Estado y, en última instancia, convalidado por un decreto del primer ministro francés. Francia solo ha renombrado siete departamentos en más de 200 años, y los cambios se justifican por motivos de corrección o desigualdad, no por cuestiones de identidad estética o política.
La voluntad del separatismo catalán de extender su nomenclatura y su «marco mental» a territorio francés es un ejercicio de simbolismo estéril. Mientras en Cataluña el separatismo utiliza este proceso como un argumento para la ‘Gran Cataluña’ – lo que llaman ‘Països Catalans -, la realidad es que el centralismo francés actúa como un freno inamovible a estas ensoñaciones.
Al final, la «Catalunya Nord» probablemente obtendrá una denominación que refrende su catalanidad, pero será una opción descafeinada y pragmática, lejos de los grandes nombres que el nacionalismo anhela. Es una lección de realidad: la obsesión identitaria del separatismo tiene cero influencia en las decisiones soberanas de la República Francesa.
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