El PSC ha dado un paso más en su estrategia de cesión al nacionalismo, al impulsar un encuentro conjunto de sus federaciones en Cataluña, Baleares y la Comunidad Valenciana. Representantes del PSC, PSIB y PSPV se reunirán en Palma para abordar «retos comunes» como la vivienda, la cultura, la lengua y el cambio climático.
Las jornadas – formalmente – las organizan los socialistas de las Baleares, pero es el PSC el que tiene realmente peso político real al gobernar tanto en Cataluña como en las principales ciudades catalanas, mientras sus colegas de Baleares y Valencia apenas tienen poder institucional en sus territorios.
De la misma manera que con Salvador Illa el mapa del tiempo de TV3 sigue siendo el de los ‘Països Catalans’, el PSC ahora da un paso más allá participando en este foro de coordinación con los socialistas de Baleares y la Comunidad Valenciana – ‘País Valencià’ para los socialistas -.
Este tipo de encuentros, aunque se justifiquen con temas de gestión, tienen una poderosa lectura política: la normalización del eje de los llamados «Països Catalans». Al unir las tres regiones bajo una misma agenda política, el socialismo asume de facto el marco mental identitario que tanto ha fomentado el separatismo.
La presencia de los líderes autonómicos, Salvador Illa, Francina Armengol y Diana Morant, en la sede de la ONCE en Palma, eleva el perfil del evento. La intención es proyectar una imagen de unidad política en un territorio que la ideología nacionalista denomina como una única entidad cultural y política.
El encuentro incluye una jornada interparlamentaria para acordar un «documento conjunto con propuestas y soluciones compartidas». Este intento de homogeneizar las políticas de tres comunidades autónomas con realidades socioeconómicas y lingüísticas diferentes es un gesto de complacencia con el independentismo catalán.
No es casualidad que la lengua y la cultura se hayan incluido de manera explícita en la agenda. Este es el campo de batalla donde el nacionalismo busca imponer la unidad de la llamada «lengua catalana», despreciando las variantes y la identidad valenciana y balear.
El socialismo, en lugar de defender la diversidad constitucional y las identidades propias de cada comunidad, opta por sumarse a un proyecto que busca difuminar las fronteras administrativas de España en favor de una unidad lingüística y cultural de corte separatista.
La celebración de estas jornadas se interpreta como una clara señal a los socios nacionalistas, como ERC o Junts, de que el PSOE está dispuesto a avanzar en la agenda de los «Països Catalans» a cambio de mantener la estabilidad en Madrid y los gobiernos autonómicos. Es el precio que paga el socialismo por la supervivencia política.
Que los dirigentes mantengan un encuentro con la «sociedad civil» de los tres territorios también tiene un significado simbólico. Buscan legitimar su iniciativa ante colectivos afines, ignorando a la inmensa mayoría de ciudadanos que no comparten esta visión unitaria y nacionalista.
Este movimiento del PSC, PSIB y PSPV es una irresponsabilidad política. En lugar de combatir el regionalismo excluyente, lo alimentan, dando alas a las tesis que promueven la ruptura territorial y la liquidación del actual Estado de las Autonomías.
La creación de este eje común consolida la percepción de que el socialismo español ha asumido completamente la agenda del separatismo. Demuestran que la ideología identitaria tiene más peso que el sentido de Estado y la defensa de la pluralidad de las regiones españolas.
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