La jornada reivindicativa celebrada este sábado en Perpiñán con motivo de la ‘Diada de la Catalunya Nord’ – así llaman los pancatalanistas al muy francés Departamento de los Pirineos Orientales – volvió a poner de manifiesto las limitaciones del separatismo catalán más allá del Ebro. Pese a las expectativas de los organizadores, que hablaban de una movilización “unitaria” y “popular”, la manifestación apenas logró congregar a unas quinientas personas, buena parte de ellas separatistas que vinieron desde las cuatro provincias catalanas.
Y es que Perpiñán y alrededores, por mucho que el separatismo diga que son los ‘Països Catalans’, es territorio Le Pen y este partido detenta la alcaldía de esta ciudad y los cuatro diputados al parlamento francés que elige este departamento.
La cita conmemoraba el Tratado de los Pirineos de 1659, que selló la cesión de las comarcas del norte de Cataluña —el Rosellón, el Vallespir, el Conflent, el Capcir y parte de la Cerdaña— a la Corona francesa. Desde hace años, el 7 de noviembre se celebra en Perpiñán como una jornada de reivindicación cultural y política bajo la bandera de los llamados Països Catalans, un concepto pancatalanista que agrupa los territorios de habla catalana.
Sin embargo, el acto de este año ha evidenciado el desgaste y el aislamiento de este discurso. Ni la Diada logró atraer a grandes multitudes, ni las consignas —“Ni França ni Espanya, Països Catalans”— conectaron con una población local que, aunque mantiene un limitado interés por la lengua catalana, no comparte en absoluto las tesis secesionistas.
Bajo el paraguas de la Federació d’Entitats en Defensa de la Llengua i la Cultura Catalanes, que agrupa asociaciones como Òmnium Catalunya Nord, la Bressola o Unitat Catalana, los organizadores intentaron dar más protagonismo a la vertiente cultural, con actividades previas y actuaciones populares y concluyó con el canto de Els Segadors.
A pesar de los esfuerzos, la asistencia fue escasa. Las imágenes mostraban filas dispersas, pancartas pequeñas y un ambiente más simbólico que multitudinario. Ni siquiera la coincidencia con el reciente informe del Senado francés —que alertaba del riesgo de desaparición de lenguas regionales como el catalán— logró insuflar un tono de urgencia a la protesta.
La baja participación puede interpretarse como una señal de desconexión entre las aspiraciones nacionalistas y la realidad social del Rosellón, donde la identidad catalana se vive de forma más cultural que política. Mientras tanto, el independentismo catalán del sur atraviesa también un momento de repliegue y falta de impulso, lo que reduce la capacidad de irradiar movilización más allá de los límites administrativos de Cataluña.
NOTA DE LA REDACCIÓN DE ELCATALÁN: elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















