El mapa político en la parte del sur de Francia a la que el separatismo catalán ha bautizado como ‘Catalunya Nord’ ha dado un vuelco definitivo este domingo. El avance de las formaciones a la derecha del espectro político es ya una realidad incontestable en la región. En la ciudad de Perpiñán, capital del departamento francés de los Pirineos Orientales, el liderazgo de Louis Aliot se ha consolidado tras su victoria previa en la primera vuelta.
El representante del ‘Reagrupamiento Nacional’ ha logrado retener la confianza de una ciudadanía que da la espalda a las recetas del Elíseo. Este éxito no es un hecho aislado, sino que se extiende a otras comunas clave de la zona. El electorado ha castigado con dureza la gestión de los partidos tradicionales y de la izquierda radical.
La localidad de Rivesaltes, situada en el área metropolitana de Perpiñán, ha caído en manos del lepenista Julien Portel. Con un 44% de los apoyos, el candidato se ha impuesto con solvencia a las listas de Amélie Parraud y Laurianne Rawcliffe. La dispersión del voto entre opciones anti Le Pen en candidaturas diversas ha facilitado un camino llano para el Reagrupamiento Nacional.
El golpe más contundente para el bloque de izquierdas se ha producido en Elna. Allí, el candidato lepenista Steve Fortel ha logrado el 48,16% de los sufragios, desplazando al alcalde saliente Nicolas Garcia. La pérdida de este bastión supone un fracaso simbólico y práctico para el municipalismo de corte ‘secesionista’ y radical.
El avance de la derecha en la ‘Catalunya Nord’ del separatismo catalán no es un espejismo, sino una tendencia que se consolida. Es relevante observar cómo el lenguaje oficialista trata de minimizar estos resultados. La política de bloques solo conduce a una polarización que la izquierda siempre cree controlar, hasta que pierde.
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