El nacionalismo catalán ha vuelto a mostrar su peor cara, y de nuevo, a través de los medios de comunicación públicos de la Generalitat. La última víctima de esta obsesión identitaria ha sido la artista global Rosalía. La comunicadora Juliana Canet, rostro habitual en el entorno de TV3 y Catalunya Ràdio, ha encendido la mecha. Sus críticas a Rosalía por presentar su último disco en Madrid y, sobre todo, por grabar con la Escolanía de Montserrat cantando en castellano, han sido virulentas. Canet llegó a calificar la elección lingüística como una «humillación hacia los catalanes» y una «falta de respeto», mostrando un profundo marco mental españolista que, a su juicio, la cantante asume.
Este ataque evidencia cómo los medios de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) siguen siendo el bastión de la propaganda separatista. Sostenidos con dinero público, estos canales se han transformado en una caja de resonancia de la hispanofobia y la confrontación identitaria.
La censura a Rosalía por el uso de la lengua española es un síntoma de un problema más profundo. El separatismo no tolera que los referentes culturales de Cataluña alcancen la universalidad o se manejen con libertad fuera de la estrecha mirada separatista. La artista catalana, con su éxito global, rompe el relato del victimismo.
La polémica de Canet se enmarca en la labor de un grupo de agitadores ideológicos que llevan años instalados en las parrillas de TV3 y Catalunya Ràdio. Nombres como Jair Domínguez, Òscar Andreu, Joel Díaz, Peyu, Òscar Dalmau o Magí García utilizan sus programas para mofarse, atacar o descalificar sistemáticamente todo lo que huela a España o a catalán no separatista.
Jair Domínguez, copresentador en la televisión y radio pública durante los últimos años – ha llegado a presentar hasta tres programas de manera simultánea en los medios de la Generalitat -, es uno de los ejemplos más notorios. Sus mensajes en redes sociales, que incluyen insultos a clubes de fútbol españoles como el Espanyol o el Real Madrid, o el uso de expresiones de rencor político, son constantes. Su actividad ejemplifica el tono soez y agresivo que la Generalitat permite en sus empleados públicos.
Estos colaboradores no solo emiten opiniones. Contribuyen activamente a crear un ambiente de hostilidad que erosiona la convivencia. Su trabajo, bien remunerado con fondos públicos, consiste en dinamitar los puentes y en señalar al que piensa diferente. Es una estrategia de polarización con un objetivo político claro: mantener viva la fractura que quieren ensanchar entre los catalanes y el resto de españoles.
El actual Gobierno del PSC en la Generalitat tiene una responsabilidad ineludible. No puede seguir tolerando que sus socios o, en el caso de la CCMA, las estructuras controladas por el Govern, utilicen el altavoz público para alentar la división y el rencor. La pasividad es complicidad.
La libertad de expresión no puede ser el paraguas para el discurso de odio ni para la exclusión lingüística. Que una artista como Rosalía sea sometida a un juicio público por usar el castellano con la Escolanía de Montserrat demuestra el autoritarismo moral que impera en ciertos círculos subvencionados.
La Generalitat debería poner orden de inmediato sus medios públicos. Los ciudadanos catalanes merecen una televisión y una radio que sean de todos, plurales y al servicio de la convivencia, no un nido de sectarismo y un instrumento para la campaña hispanófoba. La exigencia de calidad democrática y neutralidad es urgente e inaplazable.
NOTA DE LA REDACCIÓN DE ELCATALÁN: elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















