La libertad de expresión es un punto básico de los derechos humanos pero es necesario que todos tengamos claro las pautas y normas que nos van a determinar su límite. Desgraciadamente, hay algunas personas e instituciones que en nombre de la “libertad de expresión” se permiten la licencia de hacer comentarios que buscan ridiculizar y burlarse de aquello que no comparten.
Es muy grave que una televisión pública como lo es TV3 financie un programa con el dinero de todos los catalanes (“Està passant”: 1,7 millones de euros), en el que se muestra claras falta de respeto a la religión que profesan muchos catalanes y españoles. No es un hecho puntual el acontecido estos días pues este mismo programa ya presentó con anterioridad varias imágenes religiosas como borrachas o consumidoras de drogas.
La alcaldesa de Barcelona se ha posicionado del lado de los humoristas argumentando que en una sociedad democrática “no se puede cuestionar la libertad de expresión” y “no se puede defender un sistema de censura”.
No sé que opinará de estas declaraciones la joven sanitaria que ha sido hostigada y acosada por los partidos nacionalistas (incluido UGT) y por parte de las instituciones catalanas por criticar la exigencia de tener que acreditar el dominio del catalán para aspirar a una plaza en la sanidad pública catalana.
No recuerdo que se iniciara ningún procedimiento contra los sanitarios que en su momento se manifestaron (con sus batas blancas) defendiendo “el procés” y alabando la figura del fugado Puigdemont.
Actualmente en Cataluña no puedes levantar la voz si no es para apoyar al nacionalismo y la libertad de expresión se utiliza en función de lo que más convenga a su “causa”.
Triste pero cierto.
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