La década de la generación desencantada

Es esencial que se pregunten los lectores si forman parte de las redes sociales. Si esta pregunta la contestaron en afirmativo, también podrían hacer una aproximación de cuantas horas al día gastan en la redes sociales.

Que pasaría si estimamos un uso promedio de 4 horas diarias (desde el inicio de las redes sociales). Siguiendo esta premisa, les podría afirmar a todos aquellos que se sientan identificados con estos parámetros, que han estado muertos en vida durante 1 año y 8 meses, y cada día subiendo. Y, seguro, que por lo menos han estado más de 365 días ante una pantalla.

Es muy triste darse cuenta que, según unas estadísticas llevadas a cabo por la ONTSI, solamente 3 de cada 50 jóvenes en España entre los 16 a 24 años no son esclavos de las redes sociales.

Quiero dejar claro que yo formo parte de esta generación, tengo 23 años, y me atrevo a escribir este artículo por que estoy cansada de ver robots en serie. Esa generación que da nombre a millones de seudónimos, Millenians, la generación X, Y, Yolo… De cualquier forma, a mi parecer, ninguno de estos nombres hace que defina a la perfección la realidad, por eso decidí llamarnos “la generación desencantada”.

Confirmé aún más mi teoría hace unas semanas que fui a Sitges con unas amigas. Vi un atardecer hermoso, era una mezcla impresionante de colores rosados a la orilla del muelle, me sentí tan en paz en ese momento que cuando logré regresar de mi trance y contemplé mi panorama me impresionó lo que había a mi alrededor.

En realidad nadie estaba viendo el atardecer, sino que todos estaban buscando su ángulo perfecto para la cámara dándole la espalda a la maravilla que tenían detrás, con la única finalidad de subir la foto perfecta para sus redes sociales.

A quien queremos mentir con estas publicaciones falsas y materialistas, cual es la finalidad de mostrarle a la gente un lindo café con su galletita, que de tanto que duraste acomodando la escenografía de tu foto, cuando termines tu café ya va estar frío. Perdemos tanto tiempo tratando de crear una imagen irreal  de nosotros mismos, que perdemos las capacidad de encantarnos con la belleza de la vida.

De aquí surge mi pregunta: ¿Cuál es la verdadera belleza? Según los estándares de nuestra generación, es la perfección. Esta radica en la gente, que para ser completamente aceptado en la sociedad tiene que tener una mezcla de un cuerpo perfectamente tonificado, con el mejor outfit, en un spot increíble y un filtro que te haga parecer a todo, menos a ti mismo. Es muy triste pensar en el poder que le hemos dado a un simple ‘like’ para definirnos como personas.

Yo al contrario, creo que la verdadera belleza se encuentra en la imperfección, porque tus virtudes y defectos te hacen ser tu mismo, porque esa belleza la tienes que encontrar en ti, no en lo que los demás opinen. Solo existe un ‘like’ que es el que tienes que conseguir todos los días, y es el de la persona que se refleja cada mañana al mirarte al espejo. Aprende a encontrar el encanto en ti mismo.

Porque perdimos las capacidad de asombro, de disfrutar de verdad el momento; perdimos el amor a nosotros mismos y la capacidad de vivir el presente con la gente que nos rodea.

Si nos entregamos al desencanto estamos acabados; el desencanto es muy fácil de contagiar, pero el encanto es un trabajo de todos los días.

Por eso es importante volver a plantear esta pregunta: ¿Cuántas horas al días gastas en las redes sociales?

Andrea Gascón Medina. Universitat Abat Oliba

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