«La rentable revolución de la CUP» es el acertado título que resume la crónica que el periodista de ‘El Mundo’ Víctor Mondelo ha publicado este domingo sobre los escasos daños judiciales que esta formación antisistema ha sufrido durante los diversos juicios relacionados con el proceso separatista, mientras numerosos dirigentes de ERC y JxCAT han acabado inhabilitados o en prisión.
Y es que a Mondelo no le falta razón cuando retrata con minuciosidad los diversos procesos judiciales en los que la CUP ha salido bien librada, a pesar de ser uno de los motores del intento de golpe de estado independentista, y tras haber sido sus activistas más radicales los que más gasolina han vertido sobre el depósito del motor del ‘procés’, que aunque ha gripado, no ha tenido consecuencias para los autodenominados anticapitalistas.
Los adalides de la «desobediencia» han sido los mejores parados dentro del orbe separatista, como ejemplo sirve la sentencia del TSJC de hace unos días que condenaba a la Mesa del Parlament por desobediencia por tramitar las denominadas «leyes de desconexión». La única absuelta en el proceso fue Mireia Boya, que en el momento de los hechos juzgados era diputada de la CUP, y que durante el proceso judicial fue la que más hincapié hizo en la necesidad de «desobedecer» a las instituciones española. Pero como Boya no era miembro de la Mesa, toda su pirotecnia verbal no tuvo consecuencias jurídicas.
Mondelo destaca en su crónica como ni siquiera la única fugada de la CUP al extranjero, Anna Gabriel, no padece ningún riesgo real de ser encarcelada si retornara a España desde su «exilio» en Suiza, dado que solo está acusada de desobediencia, delito del que su compañera de filas Mireia Boya acaba de ser absuelta.
La CUP incendia las calles y la política catalana con sus soflamas, pero siempre de una manera muy calculada para evitar que sus dirigentes sean encarcelados. Los antisistema han sido los más listos de la trinchera separatista, que han dejado el «honor» de acabar en la cárcel a los políticos de Esquerra Republicana o Junts per Catalunya.
Los antisistema fueron decisivos en la radicalización del ‘procés’ al forzar la caída del Mas por Puigdemont, y al vender su apoyo en la cámara a cambio de aumentar la velocidad del desafío secesionista desde las instituciones catalanas. Nutren a los CDR y a otros grupos de radicales que alteran la convivencia ciudadana y son los principales instigadores del discurso de la «desobediencia» contra el sistema democrático que rige nuestro país. Y apenas pagan ningún precio por ello.
Sin duda, son los grandes beneficiados del ‘procés’ y de un sistema judicial tan garantista como el de España. Curiosamente el país al que detestan les permite que casi todo su radicalismo le salga gratis.
Sergio Fidalgo
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