El pasado jueves se celebró la doble conferencia convocada por “Aixeca´t Levántate”, en la que intervinieron su presidenta Alexandra López-Liz y el ponente Ángel Puertas. Fue doble por cuanto el conferenciante abordó dos temas: la bandera española y el contenido de su libro “Lo que nunca te han contado. Cataluña vista por un madrileño”. El acto tuvo lugar en el recientemente inagurado local de la entidad convocante sito en la Vía Layetana.
Alexandra López-Liz detalló las actividades y objetivos de “Aixeca´t Levántate”, asociación constitucionalista de espíritu activo, formada por ciudadanos que no se resignan ante la negligencia del Estado y que asumen un compromiso firme en defensa de los valores constitucionales.
Ángel Puertas desgranó el origen de la bandera española como “una bandera que nació en el mar, tuvo a Cádiz por cuna y dio sus primeros pasos de la mano de la libertad”. Se proyectaron coloridas diapositivas y, entre ellas, la cartulina con los doce modelos de entre los que el ilustrado Carlos III eligió dos como banderas de los barcos españoles, inspiradas en las barras del rey de Aragón (y conde de Barcelona).
Puertas expuso cómo la bandera naval era omnipresente en la ciudad gaditana, cuna de la Constitución de 1812; y que el primer gobierno liberal (llamado de los presidiarios por haber padecido presión todos sus ministros) convirtió la rojigualda en la bandera de los voluntarios liberales, siendo así la enseña de los movimientos progresistas frente al blanco carlista. El conferenciante concluyó con la errónea creencia del morado como color de Castilla, así como del cambio operado por los republicanos de la II República y de la apropiación de la bandera por la dictadura.
El acto continuó con una disertación sobre su libro “Lo que nunca te han contado. Cataluña vista por un madrileño”. Ángel Puertas explicó el narcisismo intrínseco a la ideología nacionalista: “el narcisista necesita ser siempre el centro de atención y por ello se considera a sí mismo el más brillante y el más maltratado; de ahí su vanidad y su victimismo” y describió al nacionalista “como un niño atrapado en el cuerpo de un adulto: egocéntrico, caprichoso, chantajista, obsesivo, manipulador, insolente, entusiasta…, un niño eternamente insatisfecho, pues su permanente reclamación le permite ser y dominar: ser el eterno centro de atención, y dominar al otro al convertirle en impotente o en claudicante”.
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