El presidente de Junts per Catalunya y prófugo de la justicia, Carles Puigdemont, ha orquestado una reestructuración interna que, bajo la apariencia de un refuerzo orgánico, implica un sutil descenso en la influencia real de Albert Batet. Batet abandona la presidencia del grupo parlamentario en el Parlament de Catalunya, una posición de alto protagonismo político y mediático. Este cambio se ha vendido como una mejora en su estatus dentro de la formación nacionalista.
En la reunión del Secretariado Permanente en Waterloo, se le ha otorgado a Batet el cargo de adjunto a la presidencia del partido en Coordinación Institucional y Estrategia. Además, será el director de campaña ante «posibles escenarios políticos», incluyendo la posibilidad de un regreso de Puigdemont. Sin embargo, su salida de la jefatura del grupo parlamentario supone una evidente pérdida de visibilidad en la política catalana. Hace meses que Batet ha perdido la confianza de Puigdemont, y el prófugo de Waterloo ha decidido liquidar poco a poco el protagonismo político.
La presidencia del grupo parlamentario es un puesto clave en el debate público catalán. Es la voz principal, la figura visible que marca la línea de oposición o negociación con el Govern. Apartar a Batet de este rol significa relegarle a tareas de despacho y estrategia interna, lejos de la confrontación directa y la atención de los medios. Es una patada hacia arriba de manual.
La nueva líder de Junts en el Parlament será Mònica Sales, hasta ahora portavoz. La portavocía recae en Salvador Vergés. Esta nueva configuración asegura un control más directo de la actividad parlamentaria desde la cúpula del partido. Los cambios buscan, supuestamente, dotar de mayor operatividad a la formación.
El comunicado de Junts intenta justificar la decisión con grandes objetivos. Se habla de «reforzar la interlocución de la presidencia con el tejido empresarial» y con los «agentes económicos estratégicos». Esto suena más a una tarea de relaciones públicas que a una función de liderazgo político decisivo. Se convierte en un delegado del presidente para asuntos concretos.
El argumento oficial es hacer de Batet un enlace clave para la coordinación de la acción institucional en las diferentes cámaras. También mencionan la gestión de aspectos políticos y relaciones institucionales que Puigdemont le delegue. En la práctica, esto supone un alejamiento del día a día del Parlament y la asunción de una función más ejecutiva y menos política.
Batet, no obstante, mantendrá su acta de diputado. Esto le permite conservar un vínculo con la cámara catalana, aunque sin el peso y la capacidad de decisión que tenía como presidente del grupo. Su verdadero foco será la dirección de campaña, un rol ya asumido en anteriores ocasiones.
La insistencia en el cargo de director de campaña lanza un mensaje claro sobre la alta probabilidad de un adelanto electoral. Tanto en el Congreso de los Diputados como en el Parlament de Catalunya, Junts está preparado para la contienda. La ruptura de relaciones con el PSOE, que ha marcado una nueva fase de tensión, refuerza esta sensación de inestabilidad.
El movimiento de Junts, de claro signo estratégico, recuerda a las habituales maniobras de la izquierda, incluida el PSOE, para neutralizar a figuras incómodas o desgastadas. Se les ofrece un cargo pomposo pero sin capacidad de influencia real. En este caso, Batet pasa de líder de la oposición interna en el Parlament a un coordinador entre bambalinas.
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