La legislatura de Salvador Illa ha entrado en una fase de turbulencias que recuerda a los peores tiempos del pasado. El Parlament de Cataluña ha reprobado, por segunda vez en menos de un año, a la consellera de Territorio y portavoz del Govern, Sílvia Paneque. La Cámara catalana ha emitido un veredicto demoledor contra su gestión, uniendo en el voto de censura a fuerzas tan dispares como Junts, ERC, la CUP, el PP y Vox.
La moción de reprobación, impulsada por Junts y la CUP no deja lugar a dudas sobre el malestar existente. El texto denuncia la «nefasta gestión» de la crisis de Rodalies, los constantes déficits en la comunicación con los usuarios y la precariedad de los sistemas de transporte alternativo. Es una bofetada parlamentaria a un Ejecutivo que pretendía hacer de la eficiencia técnica su principal bandera.
Ante esta situación, el partido de Carles Puigdemont ha elevado la apuesta. El diputado Antoni Castellà ha instado a Salvador Illa a que cumpla con el mandato parlamentario y destituya a su consellera de confianza. De no hacerlo, Junts exige que el president se someta a una cuestión de confianza para comprobar si realmente cuenta con una mayoría sólida en la Cámara o si gobierna sobre un castillo de naipes.
Para Junts, la gestión de Paneque es un «desastre absoluto» que inhabilita al Ejecutivo para seguir operando como si nada hubiera pasado. La soledad del PSC, que solo encontró la abstención de Comuns y Aliança Catalana, evidencia su debilidad parlamentaria.
La crisis ferroviaria se ha convertido en el principal foco de desgaste para un gabinete que prometía soluciones rápidas. La reprobación de una figura con tanto peso político como Paneque, que ejerce además de portavoz, es un golpe directo a la línea de flotación de Illa. El president se enfrenta ahora al dilema de proteger a su colaboradora o ceder ante una mayoría parlamentaria que reclama responsabilidades reales.
Resulta paradójico que ERC, socio de investidura del PSC, se haya sumado a la reprobación. Este movimiento refleja la fragilidad de los apoyos del Govern, que se ve forzado a equilibrar equilibrios imposibles mientras las incidencias en las vías se multiplican.
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