Josep Bou ha salvado al Partido Popular de Barcelona, y casi podíamos decir al de Cataluña, de la muerte por inanición. Sin los dos regidores que este empresario ha conseguido en la capital catalana, remontando a casi todas las encuestas, la estructura de esta formación habría quedado reducida casi a cero.
Tras los últimos revolcones electorales, tanto en autonómicas como en generales, el haberse quedado fuera del ayuntamiento barcelonés, con lo que conlleva también en términos de representación en los organismos metropolitanos y en la Diputación, habría sido el golpe de gracia para el PP catalán.
Este panadero, porque es su oficio, y bien orgulloso que está de ello, ha conseguido el milagro por los pelos, dado que sumó el 5,01% de los votos cuando la barrera electoral estaba en el 5%. Pero como decía el mítico tenista John McEnroe, «la bola entró». Por los pelos, pero entró.
Bou, como McEnroe, es puro temperamento. Defensor de lo que cree que es justo hasta el final, con toques de genialidad que sorprenden al más pintado pero como le toques las narices, te dirá sin problemas lo que piensa de ti. Porque es sincero y directo, sin máscaras. No parece un político, porque no lo es.
Eso no quiere decir que sea un persona cerrada, que no cede un milímetro. Como buen empresario sabe negociar, y las pérdidas de hoy las contempla para conseguir en el mañana mayores beneficios para seguir con el proyecto.
Pero no solo es como el tenista norteamericano. También es como un personaje de ficción, pero que se ha convertido en un arquetipo yanqui: el boxeador Rocky Balboa. Bou sabe encajar, no se rinde, es un trabajador nato y su único objetivo es ganar. Pero ganar con honradez, no a cualquier precio.
Seguro que los dos regidores que ha conseguido le saben a poco, porque Bou siempre aspira a lo máximo, y si el PP tenía tres regidores en la pasada legislatura, trabajó para llegar a cinco o seis. Pero lo que ha conseguido no solo es meritorio, es el equivalente a que el Valladolid hubiera ganado la Champions, porque partía de unas expectativas de cero concejales, con Valls por un lado y VOX por otro minando sus posibilidades electorales.
Y cuando gracias al tesón de Bou consiguió resistir ambos embates, entonces surgió el voto útil constitucionalista para Collboni tras la victoria de Pedro Sánchez. Con todo pudo, y amarró un 5,01% muy justo, pero suficiente.
El mitad Rocky y mitad McEnroe del constitucionalismo catalán ya está en el Ayuntamiento de Barcelona. Seguro que cumplirá su compromiso con los electores y demostrará a los muchos que han confiado en su capacidad y su tesón que lo dará todo por Barcelona, por Cataluña y por España.
Por Sergio Fidalgo. Director de elCatalán.es
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