La tranquilidad de Montcada i Reixac saltó por los aires este pasado martes en pleno corazón de la tarde. Lo que comenzó como una disputa entre dos bandos terminó convirtiéndose en una auténtica batalla campal a plena luz del día. La calle Sant Ramon fue el escenario de una violencia que ya no parece ser una excepción en el cinturón metropolitano de Barcelona, tal y cómo ha relatado el digital ‘El Caso’.
Los vecinos, atónitos, presenciaron cómo un grupo de seis o siete personas se enzarzaba en una pelea multitudinaria pasadas las tres y media. Fue la llamada de un testigo la que activó los servicios de emergencia ante la gravedad de los hechos. La respuesta policial, aunque rápida, no pudo evitar que la sangre llegara al asfalto en un episodio de extrema agresividad.
Cuando las patrullas de la Policía Local y los Mossos d’Esquadra llegaron al lugar, el grueso de los participantes ya se había dispersado. Solo quedaban tres individuos, restos de una contienda que dejó un rastro de heridos por arma blanca. La impunidad con la que se emplean navajas en nuestras calles es un síntoma preocupante de la falta de autoridad actual.
Uno de los implicados sufrió una herida de extrema gravedad en la mano que requirió su traslado inmediato al Hospital Vall d’Hebron. Bajo custodia policial, el detenido representa la cara más cruda de una delincuencia que no teme las consecuencias legales. La sanidad pública acaba pagando los platos rotos de quienes eligen la violencia como lenguaje habitual.
En el otro bando, la situación no fue mucho mejor, con un herido por una cuchillada en la espalda. Aunque la lesión fue calificada como leve, el hecho de que se ataque por la espalda define perfectamente el perfil de los involucrados. Tras pasar por el centro sanitario de Ripollet, ambos terminaron en las dependencias de los Mossos en Cerdanyola.
Este suceso no es un hecho aislado, sino el reflejo de una gestión de seguridad ciudadana que hace aguas por todas partes. La sensación de desprotección en municipios como Montcada i Reixac va en aumento mientras las instituciones miran hacia otro lado. La calle parece pertenecer más a quienes portan armas que a los ciudadanos que pagan sus impuestos.
La actuación de las fuerzas de seguridad es encomiable, pero se encuentran atadas de pies y manos ante una legislación laxa. Las detenciones se suceden, pero la reincidencia y la falta de castigos ejemplares alimentan este clima de hostilidad constante. El Vallès Occidental se está convirtiendo en un foco de conflictos que requieren una intervención mucho más firme.
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