El Govern de Salvador Illa ha decidido pasar a la ofensiva y abandonar la prudencia negociadora. En un movimiento que destila confianza o temeridad, el Ejecutivo catalán aprobará este viernes el proyecto de presupuestos en el Consell Executiu. Lo hará sin tener garantizado el apoyo de Esquerra Republicana, sus socios preferentes y necesarios.
Desde los despachos de la Generalitat se repite un mantra que suena a presión ambiental: no hay plan B. El PSC confía ciegamente en que ERC no podrá soportar el desgaste de tumbar unas cuentas en plena crisis interna. Esta estrategia busca poner a los republicanos contra las cuerdas ante la opinión pública catalana.
Illa ha escenificado este lunes su decisión rodeado de patronales y sindicatos en el Palau de la Generalitat. Al firmar un documento con más de 80 medidas sociales y económicas, el president lanza un mensaje teledirigido a la bancada de ERC. Si los presupuestos caen, las mejoras pactadas con los agentes sociales decaerán con ellos.
El socialismo catalán juega la baza de la responsabilidad institucional para evitar el bloqueo. Para el Govern, cualquier escenario que no sea la aprobación de las cuentas es impensable y contraproducente. Es una forma de trasladar toda la carga de la prueba a una Esquerra que aún digiere sus batallas orgánicas.
La retirada de la proposición de ley sobre el IRPF en el Congreso por parte de Oriol Junqueras parecía allanar el camino. Aquel gesto fue interpretado como una tregua técnica para facilitar el entendimiento en Cataluña. Sin embargo, la falta de un acuerdo definitivo demuestra que los flecos pendientes siguen siendo espinosos.
Illa reiteró el pasado sábado su compromiso total con la nueva financiación y el consorcio de infraestructuras. Estos puntos son los pilares del pacto de investidura que llevó al PSC a la presidencia. Pese a las buenas palabras, la firma del acuerdo presupuestario sigue resistiéndose a pocos días del trámite parlamentario.
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