El PSC supo leer que, tras una fallida declaración unilateral de la independencia, de años de martirología separatista a cuenta de las condenas a los líderes del ‘procés’, de calentar a la población en la animadversión a España por las cargas policiales del 1 de octubre, mientras la República Catalana prometida nunca llegaba, había llegado el momento del secesionismo a cámara lenta: la vuelta del nacionalismo pujolista.
Por eso Salvador Illa reivindica a Jordi Pujol, lo elogia y se reúne con él. Por eso ha llenado su Govern de ex convergentes. El PSC es la CiU del 2024. A los restos de Unió ya los compró hace unos años, ahora va incorporando, poco a poco a los neoconvergentes rebotados. Tras Miquel Sàmper y David Bonvehí vendrán más. Santi Vila ya hace cola, y si Puigdemont se carga a Laura Borràs no les extrañe verla de ‘Síndic de Greuges’ a propuesta de Illa. Todo sea por convertirse en el nuevo ‘Moviment Nacional’.
Con los Comunes en caída libre, ERC en guerra civil permanente y con Junts con un presidente en el falso exilio (en realidad prófugo de una justicia democrática), el PSC tiene el campo libre para seguir siendo la formación hegemónica del separatismo. Lo que nos queda a los catalanes libres de nacionalismo es trabajar para denunciar las políticas de Salvador Illa.
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