Aprendí en su día que libertad e igualdad son, a la vez y en equilibrio, valores fundamentales de la democracia y que, por eso, considerando en qué grado existen ambas es, precisamente, como puede medirse la calidad de los regímenes democráticos (bien sabemos que no es igual en todas partes). Aprendí también que igualdad equivale a justicia; y que no sólo hay injusticia cuando se incumple la ley, sino que la hay también cuando se altera la igualdad sin justificación.
Me dijeron que si algo es propio de las ideologías igualitarias es la exigencia de igualdad material (además, por supuesto, de la igualdad ante la ley y de oportunidades); y leí que, en la historia de la Humanidad, las causas más básicas de desigualdad habían sido la raza, el sexo y la clase social. Yo me permitiría añadir, visto lo visto, otra causa más: el territorio.
Y no sólo porque basta un vistazo a esa historia general del mundo, sino porque basta también un vistazo a los periódicos de hoy mismo, en esta España nuestra que se supone que es punta de lanza del progresismo, del igualitarismo.
En unos minutos, el Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, recibirá, nada menos que en el Palacio de la Moncloa, al líder de ERC, Oriol Junqueras (no se ven desde antes de la cárcel), para tratar de la llamada “financiación singular” de Cataluña, asunto sobre el que se da por hecho que habrá acuerdo. De este modo, en contra de lo que venía defendiendo el Gobierno, de marcada ideología igualitarista (tal parece que la única igualdad que importa ya es la llamada “de género”), defiende ahora que se altere la redistribución entre Comunidades Autónomas de los ingresos a la caja común. Sánchez, Montero y Alegría nos dicen que el trato diferencial a Cataluña no afectará a los demás territorios; nos dicen, en definitiva, que la singularidad no es desigualdad (cuando ya lo es la mera bilateralidad, ¡oiga!).
No es sólo la financiación singular, también está ahí la condonación de la deuda del FLA, el consorcio de inversiones en Cataluña, medidas sobre infraestructuras (trenes y aeropuertos) y la recaudación de la totalidad del IRPF.
Acudo al diccionario de la Real Academia Española y constato que los sinónimos de “singular” son: especial, particular, original, notable, sorprendente, excelente, extraordinario, raro, distinto, peculiar, típico, diferente, excepcional, extraño, misterioso, absurdo, impar…; mientras que los de “igual” son: idéntico, equivalente, mismo, literal, exacto, semejante, similar, hermanado, mellizo, afín, uniforme, liso, raso, plano, homogéneo, suave, fino, proporcionado, correspondiente, ajustado, conforme…
No coincide ninguno, es más: tienen significados opuestos. Una vez dije que nos toman por idiotas, siguen haciéndolo. Es una concesión más al separatismo (aunque la mona se vista de seda, de alianza sólida o legislatura estable) para garantizarse apoyos parlamentarios (pronto veremos otros encuentros a alto nivel con Junts). En el más suave de los casos, no llegaría a concesión y se quedaría en gesto, para seguir dando largas, seguir prometiendo en falso, engañando (a quien se deje), para seguir dando pie a que se sientan nuevos “greuges” (agravios). ERC dice que van a “desbloquear el asunto de la financiación”… con eso dan a la opinión pública la sensación de que van a arreglar un problema, cuando lo que van a hacer es crearlo.
Se habla de casi 5.000 millones más para Cataluña, de condonación de más de 17.000 millones de la deuda con el FLA… Entiendo poco de cifras. Sé que Miriam Nogueras ha corrido para instar a ERC a no admitir menos, que no haya “café para todos”. Esta obsesión, señores, es porque se sienten desiguales; no cabe duda, pero sí cabe asombro, porque se sienten desiguales de conquenses y extremeños, al tiempo que quieren ser iguales a los vascos… ¡aquí las cosas claras!, y la palabra “concierto” resuena en todas partes. Si a ellos sugiere armonía, a mí estridencia.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















