Después de las Elecciones Generales del pasado día 28 de abril hemos comprobado la irrupción de dos factores fundamentales que han decantado el voto de una forma considerable a favor del PSOE. Por un lado la irrupción de Vox como nueva fuerza política, y por otro lado la división del voto de derechas.
Es indudable que Vox ha sido el partido protagonista durante la campaña electoral, recogiendo unas expectativas sobredimensionadas que le otorgaban muchos diputados. No sabemos si esta sobrevaloración de los resultados que podía obtener Vox ha sido malintencionada por parte de algunos medios de difusión social, o del mismo PSOE, para movilizar el voto de izquierdas; pero lo cierto ha sido que muchas personas que tradicionalmente no votaban, han acudido a los colegios electorales para votar al PSC-PSOE, para contrarrestar la irrupción de Vox.
Con un gran resultado electoral del partido socialista, por su parte el voto de derechas se ha dividido entre Cs, PP y Vox, provocando como ocurrió en las elecciones de febrero de 1936, que pese a obtener más votos los partidos de derechas que los de izquierdas, por el reparto de los escaños, las elecciones las ganó el Frente Popular.
No han sido pocos los que han culpado a los tres partidos constitucionalistas de no haber concurrido coaligados a los comicios, pero semejante afirmación constituye un despropósito, porque cada partido político tiene el imperativo orgánico y funcional de presentarse individualmente con sus propias siglas a cualquier comicio, para luego después de las elecciones establecer pactos con quien considere oportuno.
Pero, evidentemente, lo que ningún partido va a hacer es no comparecer en un proceso electoral para favorecer un supuesto voto constitucionalista, del que se desconoce a favor de cual de los otros partidos se decantará.
Es indudable que un partido político como Vox que dice las cosas claras y sin tapujos, produce simpatías en muchos sectores de la población española, aunque no podemos negar que también produce rechazo en otros sectores, que el pasado día 28 de abril han ido masivamente a votar al partido socialista.
Como ocurrió en las Elecciones Generales del 14 de marzo de 2004, con el recuerdo de los atentados yijadistas en los trenes de cercanías de Madrid, lamentablemente en España ya desde hace bastantes años, los electores no votan a favor de un partido u otro, sino que lo hacen para que un determinado partido no pueda gobernar.
A los partidos les pasa lo mismo que a las personas. Si eres una persona sincera y con profundas convicciones morales y patrióticas, vas a tener muy buenos amigos, pero también algún que otro enemigo. Sin embargo si eres una persona que frecuentemente cambia de opinión en virtud de las circunstancias, o te atemorizas ante los que quieren imponerte sus criterios, probablemente casi no tendrás enemigos y tus amigos serán circunstanciales y de compromiso.
Resulta evidente que los partidos políticos llamados o mal llamados populistas, están presentes en las diferentes cámaras legislativas nacionales de toda Europa, ocupando lugares de privilegio como segunda, tercera o cuarta fuerza política en los respectivos Parlamentos nacionales o regionales.
Por ello, la entrada de Vox en el Congreso con el considerable número de veinticuatro diputados, introduce en España una normalidad democrática europea, en la que todos los ciudadanos de la Unión están representados en sus respectivos parlamentos, y además acredita la mayoría de edad política de los españoles, que han votado en libertad escogiendo entre diferentes opciones políticas.
Con una profunda vocación europeísta, Vox es un partido político que cercano a otros partidos de países europeos, tiene la peculiaridad de que cuando entra en una institución, lo hace con vocación de permanencia refrendada con los votos de sus seguidores.
Hemos venido para quedarnos y a partir de ahora lo único que podemos hacer es crecer.
Juan Carlos Segura Just. Miembro del Equipo de Campaña de Vox Barcelona
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