Los medios públicos, al ser sufragados con el dinero de todos, han de ser muy cuidadosos a la hora de marcar su línea editorial. En la España democrática se ha prodigado cierto sesgo por parte de todos los gobiernos, fueran centrales o autonómicos, a favor del Ejecutivo de turno, pero lo que hemos vivido en Cataluña desde 2012 es insuperable y ha batido todos los récords de manipulación y sectarismo.
La televisión de la Generalitat siempre ha sido una cadena con cierto talante nacionalista, pero actuaba con cierta discreción y, sobre todo, intentando disimular su sectarismo con contenidos homologables a los de los medios públicos de cualquier democracia europea. Pero con el “procés” ha perdido cualquier capacidad de disimulo. Gracias a la generosidad de las arcas públicas se ha convertido en el gran medio audiovisual de nuestra comunidad autónoma.
Ninguna otra televisión tiene su potencial ni sus medios. Como es bien sabido, TV3 y el resto de la corporación audiovisual autonómica catalana tiene más trabajadores en Cataluña que Mediaset o Atresmedia en toda España..
Es imprescindible recuperar este poderoso medio de comunicación para que sea un servicio público, no lo que es ahora, una herramienta de propaganda secesionista con personajes como Jair Domínguez que cada vez que dice en antena «Puta España» consigue un nuevo contrato.
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