El escritor y ex diputado Antonio Robles ha afirmado que la normalización lingüística del catalán «fue la gran excusa para, en nombre de la recuperación de una lengua maltratada por la dictadura, ocultar la otra, arrinconarla, borrarla de la realidad».
Robles ha hecho estas declaraciones en una entrevista publicada en ‘El adoctrinamiento escolar de Cataluña’ (Ediciones Hildy), de Sergio Fidalgo y Antonio Jimeno. Aquí tienen la información necesaria para comprar el libro.
Y añadió que a la lengua española «con el objetivo de evitar toda resistencia, se insinuó primero y se la catalogó después como arma colonial al servicio de los enemigos de Cataluña, instrumento del franquismo sociológico, extraña a Cataluña y origen causal de la ‘minorización’ del catalán. De ahí a convertirla en lengua extranjera solo restaba el declarar a la lengua catalana ‘lengua propia de Cataluña’. Ni siquiera debía explicitarse la exclusión, se deducía por oposición».
Argumenta que «a través de la normalización de la lengua, desmantelaron, borraron del imaginario escolar de los niños canciones infantiles en castellano, fiestas populares españolas, villancicos de toda la vida, costumbres culinarias, leyendas y héroes del imaginario popular español, poetas y poemas, escritores y refranes escritos o transmitidos por tradición oral en lengua castellana… En las excursiones, en los esplais, en las representaciones de Navidad, en Sant Jordi, en las pequeñas obras de teatro y revistas culturales del colegio, en los oficios religiosos, poco a poco, fue desapareciendo cualquier vestigio de la lengua común; y con ella, la historia común, los lazos afectivos con el resto de españoles…».
«Al mismo tiempo, se fue rellenando el espacio, la memoria, de símbolos catalanistas. Los colores de la senyera inundaron hasta el último rincón de la vida social, escolar, deportiva, religiosa con la misma celeridad que desaparecía todo rastro de la bandera constitucional española y cada uno de los símbolos del Estado. Y un buen día, cada uno de esos niños y niñas ya adolescentes, casi sin darse cuenta, se sintieron extraños ante esos símbolos culturales, hasta percibirlos como enemigos de la cultura catalana. El zurcido era emocional, aquel que se confunde con el ser, con el alma de uno mismo», relata Antonio Robles.
Robles afirma que «para estos adolescentes, sus abuelos de Almería, de Burgos o Cáceres eran colonos y colaboradores necesarios del saqueo infringido por España a Cataluña a lo largos de los siglos. Un auténtico dispárate. Ese es el mayor saqueo que puede sufrir un ser humano, porque la desconexión emocional, cultural con tus antepasados vivos es un auténtico saqueo, cruel y despiadado. Sostiene el psicólogo y biólogo Jean Piaget, experto en la epistemología infantil, que la primera impregnación recibida por el niño de los mayores es emocional y se confunde con su ser: ‘Las experiencias a las que los adultos someten a los niños no se imprimen en los niños como en una placa fotográfica, sino que son asimiladas, son incorporadas a la sustancia propia de su ser'».
Y concluye diciendo que «cada vez que contemplo a Gabriel Rufián ciscarse en el resto de españoles, la imagen que choca contra mis ojos es la de un muchacho meándose en la tumba de sus abuelos. Impotencia por un lado y profunda pena por otro al ver a un ser humano despojado de lo único que le pertenece de verdad, la capacidad de pensar por sí mismo».
NOTA DE LA REDACCIÓN DE ELCATALÁN: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.


















