Un ciudadano residente en Barcelona, a la misma hora de las caceroladas separatistas, ponía cada noche pone el himno de España con los altavoces hacia afuera y como guinda lo termina con “Paquito el Chocolatero”.
Ponía el volumen a tal nivel que las cacerolas dejan de oírse. En el vídeo se aprecia parte del repertorio con el que obsequia a sus vecinos secesionistas, y como otros convecinos, constitucionalistas, se animan. La desternillante narración sirvió para el nacimiento de un mito constitucionalista: el balcón de la Resistencia, y su portavoz, Jaume Vives.
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