Barcelona en Comú se encamina hacia unas primarias que prometen más ruido ideológico que proyecto de ciudad. Dos de sus rostros más reconocibles, Bob Pop y Gerardo Pisarello, competirán por encabezar la candidatura a la Alcaldía de Barcelona en las municipales de mayo de 2027, en una pugna que vuelve a poner de relieve el sectarismo y la falta de renovación de un espacio político instalado en la consigna y el activismo permanente.
El último en mover ficha ha sido Roberto Enríquez, conocido popularmente como Bob Pop, escritor y tertuliano televisivo, que ha anunciado su intención de presentarse a las primarias a través de Instagram, el hábitat natural de una política cada vez más basada en la ocurrencia y el eslogan. El acto de presentación de su candidatura tendrá lugar este sábado al mediodía en el Centre Cívic Barceloneta, en un formato abierto que él mismo ha calificado de “divertido”.
El lema elegido para la precampaña, «Bob Pop. Alcalde de Barcelona, ¿por qué no?», resume bien el tono de una candidatura más cercana a la performance que a la gestión municipal. Bob Pop asegura querer “sumar mucha más gente”, una fórmula tan ambigua como habitual en el universo de los Comunes, donde la retórica inclusiva suele ocultar una práctica política marcadamente excluyente con cualquier discrepancia ideológica.
Frente a él estará Gerardo Pisarello, uno de los ideólogos del proyecto de Ada Colau y exteniente de alcalde durante su primer mandato, que ya anunció su intención de concurrir a las primarias el pasado 20 de diciembre. Pisarello representa la continuidad sin matices de un modelo que dejó una ciudad más degradada, más insegura y con menos ambición económica, pero fiel a los dogmas identitarios y al enfrentamiento permanente con otras administraciones.
Por ahora, eso sí, el proceso está envuelto en la habitual indefinición orgánica de Barcelona en Comú. Fuentes del partido recuerdan que ninguna candidatura se ha formalizado oficialmente, ni siquiera la de Pisarello, a la espera de que la coordinadora apruebe el calendario de las primarias. Una vez más, el aparato va por detrás de los anuncios personales y las estrategias de autopromoción.
Cuando Pisarello presentó su candidatura evitó valorar la entrada en escena de Bob Pop, aunque dejó caer, con condescendencia, que le gustaría tenerlo “a su lado” en la campaña si finalmente él resultaba elegido. Una invitación que suena más a reparto de papeles dentro del mismo guion ideológico que a un verdadero debate interno.
Lo que sí parece claro es que los Comunes no se plantean una reflexión profunda sobre el fracaso de su gestión en Barcelona durante la ‘era Colau’ ni sobre el hartazgo de una parte creciente de la ciudadanía. La disputa entre Bob Pop y Pisarello no es tanto una confrontación de modelos de ciudad como una competición por liderar el mismo discurso moralizante, impermeable a la autocrítica y ajeno a los problemas reales de los barceloneses.
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