El Estado del Bienestar se caracteriza, entre otras cuestiones fundamentales, en la redistribución de la riqueza de los potentados, persona físicas y entidades, entre los grupos más desfavorecidos de la población vía impuestos y políticas sociales. Hay que esperar hasta la segunda mitad del siglo XX para que las actuaciones políticas en esa dirección queden consolidadas en Europa Occidental y con el tiempo la U.E., ejemplos paradigmáticos del Mundo libre.
Los entes públicos del Antiguo Régimen no ejercían esta función que quedaba sujeta a la caridad de la Iglesia católica y otras confesiones tras la ruptura de la cristiandad en el siglo XVI. La solidaridad gestionada por los gremios y cofradías sufragaba también las necesidades de sus acólitos pertenecientes a los estamentos no privilegiados. Las revoluciones de fines de la centuria ilustrada y las décadas posteriores produjeron la caída de las monarquías absolutas y la aparición de regímenes liberales.
Las formas progresistas y demócratas de aquellos junto a las propuestas del movimiento obrero en la forma de la socialdemocracia conformaron el proceso que llevaría a los respectivos Estados hacia la Europa libre, democrática y socialmente justa que conocemos superando por el camino guerras mundiales y dictaduras de derecha e izquierda. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU (1948) inspirada en la Declaración de Derechos de Virginia (1776) como en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, Francia (1789) fueron normas que recogían, recogen, las Constituciones de estas sociedades contemporáneas.
Un destacado factor a tener en cuenta en este relato se refiere al inicio de cooperación entre diversos países que dará lugar a la creación de la Unión Europea para acabar definitivamente con los enfrentamientos fratricidas del siglo XX provocados por la acción del nacionalismo. Se conformaba así la región, social y política, más avanzada de la Tierra.
La mencionada U.E, a la cual pertenecemos, vive hoy en día la embestida de tres ideologías funestas: el populismo, la extrema derecha y los nacionalismos. Está en peligro no sólo esta Europa sino el mismo el concepto con el cual comenzaba el artículo, el Estado del Bienestar. La tercera de las ideologías mencionadas, el nacionalismo, es una muestra del supremacismo de grupos que pretenden detentar más derechos, es decir, privilegios, frente al resto de ciudadanos por el mero hecho de haber nacido en un lugar determinado, hablar una lengua o tener una historia, manipulada, propia.
De todas las razones que esgrimen los partidos nacionalistas las más condenables son las económicas. Pretender que los impuestos pagados por cada una de las personas, empresas u organizaciones de todo tipo sean solamente redistribuidos en esas zonas que denominan “su nación”, va contra todas las normas de justicia social que tanto ha costado conseguir. No estamos ante la reivindicación de naciones de ciudadanos libres e iguales, estamos ante la reclamación de privilegios por las razones antes esgrimidas, estamos ante supuestas naciones etno-linguïsticas promovidas por colectivos político-económicos que utilizan la educación y los medios de comunicación para arrastrar al conjunto de la población hacia sus intereses.
El ejemplo más clarificador lo tenemos en la España actual. Los argumentos del nacionalismo catalán sobre las ficticias balanzas fiscales, que en todo caso serían fruto de balanzas comerciales positivas, son un ataque al concepto central de este artículo, la justicia social. Frente a ellos hay razones básicas, pero no por ello menos contundentes, que se pueden esgrimir para defender la libertad e igualdad de todos los ciudadanos. Por razones de espacio me remitiré a algo tan sencillo como lo siguiente.
No existe motivo alguno por el cual parte de los impuestos pagados por un ciudadano rico de Barcelona no puedan ser redistribuidos a otros más desfavorecidos de la misma ciudad, de otros lugares de Cataluña o del resto de España. La misma consideración debe aplicarse a los potentados de Madrid, Valencia o Sevilla, por poner unos ejemplos. Como tampoco los grupos con menor poder adquisitivo deben tener menos derechos a recibir esa redistribución de la riqueza por el origen de su nacimiento o residencia.
Ese Estado del Bienestar se hizo también contra el egoísmo nacionalista. En suma, no es caridad, no es solidaridad, es justicia social.
DANIEL RUBIO RUIZ
Portavoz de Cs en Alcoletge. Historiador
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