Es tiempo de seguir plantando cara. Por la libertad. Por la democracia. Por España.

Los resultados de las elecciones autonómicas dejan claro que Cataluña está dividido en dos bloques que no se comunican, con un partido que ha jugado a la falsa equidistancia, los ‘comunes’.

El resultado más sorprendente es el de Xavier Domènech, dado que su lista ganó los dos últimos comicios celebrados en Cataluña y hace un año era la candidatura favorita para más que duplicar los once escaños que tenía en el Parlament saliente. Ahora se han quedado en quinta posición y han sufrido un bajón.

Para una formación que aspiraba a medio plazo a situar a Ada Colau en la presidencia de la Generalitat es un mazazo. El jugar a una equidistancia consistente en aplaudir todas las acciones separatistas y apartarse y denostar a la mitad de la población catalana, que es no nacionalista, le ha situado en la marginalidad política.

Después de una declaración unilateral de la independencia, de meses de martirología separatista a cuenta de la prisión preventiva de los ex consejeros y los ‘Jordis’, de calentar a la población con el odio a España por las cargas policiales del 1 de octubre, los partidos separatistas no han conseguido esa mayoría social avasalladora, e incluso han bajado en escaños.

Ni con un presidente en el falso exilio (en realidad prófugo de una justicia democrática), ni con el líder de Esquerra en la cárcel, lo que ha disparado su propaganda victimista, han conseguido que el bloque separatista crezca. La subida de los ex Junts pel Sí ha sido a costa de la CUP, y se han dejado parte de los escaños por el camino.

Queda mucho trabajo por delante, pero el magnífico resultado de Ciudadanos, y la modesta subida del PSC, da esperanza para que a medio plazo la Cataluña institucional se sitúe en la senda de la lealtad con el reto de España. La Cataluña sentimental está mayoritariamente con el resto de españoles y solo un sistema electoral injusto les otorga la hegemonía parlamentaria a los separatistas.

No es tiempo de rendirse, ni de desanimarse. Es tiempo de seguir plantando cara al supremacismo secesionista. Por la libertad. Por la democracia. Por España.

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