Esa es su democracia: ¿Aceptáis o desobedecemos?

Es complicado mantener la compostura cuando las circunstancias te llevan al límite de la comprensión y la lógica.

Nuestro subconsciente, pese a pretender en todo momento enmarcar los comentarios dentro de una cierta holgura y permisividad, puede desviarse de un principio básico como es el de prudencia, al verse condicionado por los acontecimientos.

Intentaré mantener dicho criterio, pero conviene poner en alerta que ya son demasiadas las cosas que están sucediendo y crispan de una forma peligrosa a los que defendemos la Cataluña leal y legal, generando alta sensibilización y poniendo al límite la paciencia.

De una u otra forma, todos somos conscientes de que entramos en una fase complicada que, a la vuelta de vacaciones, tensionará aún más la ductilidad de nuestro aguante.

Con el mayor de los respetos debo decir que estoy hasta las mismísimas gónadas del tema, ante el bochorno que, como catalán, siento con tanto esperpento continuado y acumulativo.

Es insultante que esta horda de fanáticos, que impone las reglas como un auténtico y radical Régimen totalitario, se arrogue con la vitola y marchamo de “raza superior”, lo que evidentemente es una insultante falacia y otra muestra más de su fraude. ¿Son o no lazis?

Es denigrante que sigan con su paranoica creencia de poder hablar en voz de todos los catalanes cuando solo representan a una parte (minoritaria) de los que vivimos en esta comunidad, creyéndola superior y con más derechos. ¿Son o no supremacistas?

Es penoso que se planteen legislar para penalizar al que limpie de basura plastificada sus pueblos y ciudades, con multas de 600.000€, siendo actos de civismo y ecología, mientras gratifica y ensalza a quien ensucia. ¿Son o no sectarios?

Es ridículo que sigan tensionado la cuerda y tengan la desfachatez de decir que, si no se hace o decide lo que ellos plantean, desobedecerán. Esa es su democracia, Si o Si. Impresentables e intolerantes. ¿Son o no demócratas?

Es cansino que se les llene la boca con su recurrente alusión a una pantomima ilegal y de ingrato recuerdo, que supuso el ridículo mundial del circo separatista, como fue el pasado 1 de octubre. ¿Son o no tergiversadores?

Es infantil e impresentable ese enfoque de divinidad, cuando se les dice que se están equivocando, poniendo como ejemplos los fallos judiciales del Sr. Llarena o las siempre gratificantes declaraciones de su Majestad Felipe VI, declarándolas personas no gratas por defender la legalidad vigente. ¿Son o no prepotentes?

Pero, a unos 600 kilómetros de distancia, es también preocupante ver que desde el Gobierno de la nación no se toma en serio la situación y, con sus decisiones condicionadas por los apoyos recibidos para la investidura, dan oxígeno y alas al separatismo. Aunque sea aceptando costes que adolecen de visión nacional y avergüenzan a muchos de sus propios votantes.

Con este panorama aquí y allí la sensación es de agobio y de remar contra corriente. Pero ello no condiciona el esfuerzo y compromiso de los que tenemos claro que la lucha es por España y lo que significa, pese a la poca fiabilidad de los que nos gobiernan.

Si es necesario será la misma sociedad y las entidades sociales defensoras del constitucionalismo las que den la cara ante la inoperancia de los que nos representan. El próximo 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional, debe ser un antes y un después en dicho sentido.

Para la mayoría de catalanes con sentido común, el inapropiado tratamiento igualitario Estado-Generalitat, el promover el acercamiento de los políticos inductores del golpe (que apuesto que pronto estarán en la calle como otro coste más a digerir), el no impugnar la reapertura de “embajadas”, el no poner freno al uso fraudulento de los recursos de todos, el ser permisivo ante el insulto a nuestras instituciones, militares, políticos, jueces o diplomáticos; el aceptar las exigencias de cambios de representantes o la eliminación de cuerpos de investigación especializados e incómodos, el seguir con el juego de cesiones y concesiones como alboroque, el sustentar decisiones con la complicidad de los impresentables del palacete de Galapagar, junto a otros muchos frentes abiertos que nos humillan como españoles, nos llevan al deseo de votar cuanto antes para incrementar la solvencia patriótica o, en su defecto, exigir la aplicación inminente y contundente del artículo 155.

Ya no solo hace falta poner orden, sino que hay que sentar las bases para la necesaria ilegalización de partidos políticos, asociaciones separatistas y medios de comunicación impartidores de doctrina, todos ellos insumisos al marco legal que ampara nuestra Constitución de 1978.

Javier Megino


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