En los últimos meses, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) atraviesa una crisis interna que ha sacudido los cimientos de la formación independentista. La dirección del partido, encabezada por Oriol Junqueras, se enfrenta a un creciente malestar por parte de sectores críticos que cuestionan tanto su liderazgo como la estrategia política seguida en los últimos años, especialmente en relación con los pactos con el PSC y el PSOE.
El mayor peligro viene de Cruz Camacho, de la lista crítica ‘Dignitat republicana’, que venció a los partidarios de Junqueras en mayo en las elecciones internas de la poderosa Federación de Barcelona. Con la agrupación más importante de la formación en manos de sus opositores Junqueras se siente vigilado, y ha modulado su postura hacia el PSC.
Esta derrota en Barcelona no fue un jaque mate, dado que Junqueras se impuso en la mayoría de federaciones de la formación, pero la división en ERC es palpable cuando se habla de la relación con los socialistas. De hecho, el pacto con el alcalde Collboni para entrar en el gobierno municipal ha quedado congelado.
El detonante de esta tensión interna fue el pobre resultado electoral de ERC en las elecciones catalanas del pasado mayo, donde la formación perdió una parte significativa de su representación parlamentaria. Este revés ha alimentado las voces internas que exigen un cambio de rumbo y mayor contundencia en la defensa de la independencia, en contraposición a lo que perciben como una política de excesiva conciliación con el Gobierno central. Este mal resultado se unió a los que ya cosechó en las últimas elecciones municipales y generales, en la que perdieron representación.
Los sectores más críticos acusan a Junqueras y a su entorno de haber llevado a Esquerra a una posición de “sumisión” frente al PSOE y el PSC, al haber facilitado pactos clave en el Congreso. Señalan, por ejemplo, el respaldo a los Presupuestos Generales del Estado y los acuerdos para la investidura de Pedro Sánchez, medidas que, a su juicio, no han supuesto avances reales en la agenda separatista.
Desde la dirección del partido, sin embargo, se defiende la vía del diálogo como la única opción viable para avanzar hacia un referéndum pactado y hacia la plena ‘soberanía’ fiscal. Junqueras ha reiterado en varias ocasiones su apuesta por una estrategia pragmática, basada en la acumulación de fuerzas y en la negociación política, como camino para lograr el reconocimiento internacional y una salida pactada al conflicto catalán.
Esta divergencia de enfoques ha generado una fragmentación interna cada vez más visible. En diversas asambleas territoriales han surgido voces que reclaman una renovación de liderazgos y una revisión profunda de la estrategia del partido. Algunos militantes y cargos intermedios incluso han comenzado a organizarse en plataformas críticas, con la intención de influir en los próximos congresos internos.
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