Manuel Acosta es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona, máster en Literaturas Hispánicas y doctor en Filología por la UNED. En la actualidad es diputado por VOX en la cámara autonómica catalana. Acaba de publicar ‘El libro blanco de la historia de Cataluña’ (Homo Legens), una obra que cuenta con un prólogo de Ignacio Garriga.
El subtítulo del libro es “265 cuestiones que todo independentista debería preguntarse”. Así que supongo que le han entrevistado en TV3. ¿Cómo fue?
Hasta la fecha, TV3 no me ha entrevistado. Es extraño, ya que lo propio de una televisión pública es dar a conocer la pluralidad de las expresiones culturales, artísticas, políticas, intelectuales y sociales de los ciudadanos. ¿Puede ser que no se haya enterado, fruto de un despiste, a pesar del buen ritmo en las ventas y las diversas entrevistas realizadas en medios de comunicación? De todos modos, la publicación en elCatalán.es, un digital tan consolidado y veterano como el que Ud. dirige, marcará un antes y un después y, no lo descarte, TV3 caerá en la cuenta que debe entrevistarme, no sea que alguien tilde a la televisión pública de Cataluña de sectaria. Sería muy feo, ¿no?
El libro está estructurado, y perdone la simplificación, como un catecismo, con preguntas y respuestas cortas para facilitar que sus contenidos sean más fáciles de asimilar. ¿Por qué ha apostado por este formato, aún a riesgo de que le acusen de ser demasiado divulgativo?
Tiene toda la razón al describirlo, estructuralmente, como catecismo de la historia de Cataluña. El motivo obedece a una realidad: nuestra sociedad es cada vez menos lectora, debido al ritmo trepidante que nos impone la vida cotidiana y a la hipnosis que produce la abrumadora irrupción de lo digital, de la imagen, entre nosotros. Además de estos inconvenientes, hay que contar con la dificultad añadida que supone leer un tratado de historia.
Así pues, era necesario ofrecer al lector una lectura atractiva, asequible y fácil, sobre cuestiones tan fundamentales para entender, sin tergiversaciones partidistas, qué ha sido Cataluña a lo largo de la historia y qué es en la actualidad.
Pero no por eso El Libro blanco de la historia de Cataluña es una mera obra de divulgación: un anexo al final del libro recoge las 55 fuentes documentales y bibliográficos que he estudiado para elaborar el contenido que se desarrolla en 220 páginas y en 117 referencias a pie de página. Es decir, el lector tiene la posibilidad de conocer con profundidad y detalle distintos temas que se tratan.
Usted defiende que el primer gran impulso que tiene el nacionalismo catalán viene a partir de la derrota en la Guerra de Cuba. ¿Fue la pérdida de este mercado el que lanzó a parte de la burguesía en las manos del catalanismo?
En parte fue así. Con el propósito de salvaguardar su hegemonía comercial, la burguesía catalana se acercó a los partidos regionalistas y nacionalistas para encumbrarlos en el poder político y, desde posiciones de gobierno, obtener beneficios económicos como premio de los servicios prestados.
Pero no podemos olvidar que siempre, en todos los aspectos de la vida, los principios rigen los actos, es decir, las personas actúan conforme piensan. Así pues, el origen del nacionalismo catalán es consecuencia del movimiento intelectual y cultural del Romanticismo, que irrumpe en toda Europa y, concretamente, en Cataluña a finales del siglo XIX. Nunca antes existió un sentimiento nacionalista en Cataluña. El Romanticismo se fundamenta en la exaltación de los sentimientos, en la primacía de los sentimientos, por encima de la razón. Por ese motivo, historiadores como Prósper de Bofarull, deforman la historia de Cataluña tergiversando su pasado medieval y cimentando un relato falsario.
Esa reacción sentimental, emocional del Romanticismo -Renaixença en Cataluña-, deformadora de la realidad, se apuntala por el desánimo que produce en el pueblo español la pérdida de las últimas posesiones de ultramar, el declinar del esplendor de España como imperio.
A lo largo del libro muestra diversas falsificaciones históricas que ha hecho el nacionalismo catalán para reescribir la historia según sus intereses políticos. Destaque, brevemente, dos de ellas, por lo burdas que son.
Entre las personas que han estudiado en el sistema educativo catalán los últimos 40 años, ¿hay alguna duda de que la bandera de Cataluña nació el año 873 de la sangre de la herida de Wifredo el Velloso impresa en su escudo por los dedos del rey francés Carlos el Calvo? Pues bien, esto no es más que una leyenda romántica, inventada a finales del siglo XIX. Con esta fábula, los separatistas argumentan que en el siglo IX Cataluña ya existía como entidad nacional. Pero la realidad es bien otra: Wifredo, conde de siete condados de la Marca Hispánica, no de los diez existentes, era vasallo del rey de Francia; no hay ningún documento que ratifique que Carlos el Calvo estuviera combatiendo, codo con codo, a los normandos junto a Wifredo; además, las banderas y los escudos heráldicos no nacieron hasta el siglo XII.
Otra falsificación de manual. El presidente de la Generalitat, el Sr. Aragonès, se autoproclama el 132 presidente. ¡Más quisiera! La Generalitat de Cataluña se creó el 18 de abril de 1931. Los separatistas tergiversan la historia intentando confundirnos con la Diputación del General, organismo medieval que tenía como misión organizar la recaudación de los impuestos autorizados por el rey en las Cortes, lejos de ser la sede del poder ejecutivo autonómico que actualmente es. Por cierto, el Sr. Aragonès, con el talante antirreligioso que le caracteriza, debería recordar que el primer presidente de la Diputación del General, que no de la Generalitat, fue el obispo de Gerona, Berenguer de Cruïlles.
¿Tiene Cataluña más de mil años, como vende el nacionalismo catalán?
La actual Cataluña es parte indisoluble de España desde su creación, es decir, desde la instauración del Reino visigodo de Toledo en el siglo VI. Cataluña nunca ha sido un estado independiente. Podemos empezar a hablar de Cataluña a partir de 1258, gracias al Tratado de Corbeil, cuando todos los condados de la antigua Marca Hispánica pasan a depender del rey de la Corona de Aragón, Jaime I el Conquistador, desligándose del rey de Francia, Luis IX.
En 1987 el Parlamento de Cataluña aprobó celebrar el milenario del nacimiento de Cataluña, basándose en la supuesta ruptura del Borrell II, conde de Barcelona, Gerona, Ausona y Urgel, con el rey de Francia Hugo Capeto el año 988. Argumentan los separatistas, torticeramente, que Borrell II no renovó el juramento de vasallaje a Hugo Capeto, porque el rey de Francia estaba inmerso en la represión de rebeliones en distintos puntos de sus territorios. Es un subterfugio infame, ya que no existe ningún documento histórico que corrobore que el conde hiciera un manifiesto público o privado de independencia.
Los historiadores separatistas venden que toda la historia de Cataluña ha sido una constante agresión por parte de “España” contra “Cataluña”. ¿Cómo se puede combatir esta manipulación?
Aportando datos objetivos que el separatismo ha querido ocultar hasta ahora. Le ofrezco alguno a continuación.
La reconquista de Granada protagonizada por los Reyes Católicos benefició a Cataluña, ya que el monopolio comercial que los genoveses ejercían en Málaga fue sustituido por Barcelona, Valencia y Palma. A partir del segundo viaje de Colón -en 1493- fueron numerosos los ciudadanos e instituciones de Cataluña los que participaron en el descubrimiento, civilización y evangelización de América, siendo una auténtica empresa que unía a todos los súbditos y reinos de la Monarquía Hispánica.
El monje de Montserrat Bernat Boïl se embarcó en el segundo viaje colombino, fundando las tres primeras iglesias americanas: Montserrat (por Cataluña), Santa Tecla (por Tarragona) y Santa Eulalia (por Barcelona). El comandante de este viaje fue Pere Margarit (del Ampurdán), siendo el fraile jerónimo Ramón Pané (de Santa María d’Ullà) quien redactó la primera Relación sobre América. Joan Orpí Pou (de Piera) conquistó los territorios de Unare, Aragua y la cuenca del Orinoco, a los que llamó Nueva Cataluña, donde fundó ciudades como Nueva Barcelona y San Pedro Mártir, siendo además gobernador. El barcelonés Manuel de Oms fue virrey del Perú. Pere Claver, Benet Garret…
Tras el 11 de septiembre de 1714, la ciudad de Barcelona pasa de tener 33.100 habitantes a superar los 100.000 a finales del siglo XVIII. Además, se convirtió en 1778 en el primer puerto comercial español, gracias a su estatus de libertad de comercio con América desde Barcelona.
Los catalanes fueron protagonistas en los frentes de guerra para expulsar de España a los franceses en 1808: Francisco Milans del Bosch, Juan Clarós, Narciso Gay, Agustina Saragossa Domenech o Agustina de Aragón, las 200 soldados de la Compañía de Santa Bárbara de Gerona (Mª Ángela Bivern, María Curtí…). En la política, destacaron catalanes como Antonio de Capmany (diputado en las Cortes de Cádiz), Ramón Lázaro de Dou (presidente de las Cortes), Jaime Creus Martí…
Algo que he encontrado a faltar es que profundizara en las raíces racistas del nacionalismo catalán, con personajes como el Dr. Robert, que medían cráneos para demostrar que el cerebro catalán era “superior” al del resto de españoles. ¿Por qué no ha entrado en esta cuestión?
Es un aspecto que no lo he tratado por falta de espacio en este formato de libro y, también, por la profunda aversión que me produce el racismo. La nómina de personalidades políticas catalanas que han defendido, en un execrable ejercicio de racismo, la superioridad de la raza catalana es, lamentablemente, demasiado extensa: Prat de la Riba, Pompeu Fabra, Dr. Robert, Leandre Cervera, Batista i Roca, Heribert Barrera… Concretamente, Batista i Roca encabezó la firma del manifiesto publicado en el periódico “La Publicidad” del 12 de mayo de 1934, en donde defendía la necesidad de crear una Sociedad Eugenésica Catalana, al más puro estilo nazi, ante la gran oleada de flujos migratorios a Cataluña desde Murcia en los años veinte.
Desgraciadamente, es una consecuencia más del romanticismo, deformador de la realidad según los impulsos irracionales, subjetivos, de los sentimientos, incluso los más abyectos, de las personas. Así pues, el nacionalismo catalán más genuino exalta Cataluña, denigrando a todos los demás pueblos, llegando a defender estos postulados racistas, igual que Sabino Arana y José Antonio Aguirre en Vascongadas.
¿Por qué el nacionalismo ha sido tan hábil, desde su fundación en el siglo XIX, para hurgar en las contradicciones y debilidades de los partidos políticos de ámbito nacional y en cambio estos partidos no han sido capaces de aprovechar con la misma eficacia los flancos débiles del catalanismo?
El problema estriba en el sistema político de la Restauración, de ínfima calidad democrática al sustentarse en el turnismo, en el bipartidismo forzoso. Es decir, utilizando las prácticas fraudulentas que fueran necesarias (pucherazo, encasillado, caciquismo) el Partido Conservador y el Partido Liberal ocupaban el poder, con la complicidad del jefe del Estado, impidiendo al resto de formaciones políticas la posibilidad de formar gobierno. Esta realidad hizo que los dos partidos de gobierno se preocuparan exclusivamente en asegurar sus poltronas, a toda costa, degradándose cada vez más su autoridad. Los partidos nacionalistas, que irrumpen en la escena política catalana a finales del siglo XIX, aprovechan la debilidad de los partidos turnistas criticando la corrupción del sistema y proyectándose como única alternativa posible.
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