Entrevista a Luca Costantini: “Podemos en Cataluña es un amigo útil de las élites nacionalistas”

El escritor y periodista, Luca Costantini.

Periodista en Vozpópuli y colaborador en diversos medios, Luca Costantini (Bolonia, 1983) acaba de publicar un libro sobre Unidas Podemos, el jugoso Aquí mando yo. Historia íntima de Podemos (La Esfera de los Libros). En sus páginas, Costantini indaga en el personalismo de Pablo Iglesias, las intrigas de Íñigo Errejón o en el histórico talón de Aquiles de la formación: su afinidad con el nacionalismo catalán.

Ya desde el título, Aquí mando yo, se muestra crítico con el hiperliderazgo ejercido por Iglesias en Podemos. Pero, ¿es realmente la formación morada un partido más personalista que, por ejemplo, el PSOE de Sánchez?

Podemos dijo ser un círculo pero hoy en día en una línea muy recta y vertical. El hiperliderazgo de Iglesias no solo es un hecho, sino que es un lastre para la supervivencia de Podemos. Si tuviera que hacer una comparativa, más que con el PSOE la haría con Ciudadanos, la otra cara de la moneda de la nueva política. La ausencia de un debate serio sobre la oportunidad de formar gobierno con Sánchez lo demuestra.

En cuanto al PSOE, es cierto que Sánchez ha transformado el partido, pero también que existen más centros de poder territoriales que en Podemos. Aunque ahora el PSOE está en una encrucijada: lo que ocurra con el gobierno con Podemos apoyado por los independentistas nos dirá si el PSOE es capaz de cuestionar a su secretario o si la toxina de la nueva política también se ha extendido al principal partido de centroizquierda en España.

También cuenta que alguien tan aparentemente alejado de Iglesias como Silvio Berlusconi fue una influencia determinante en su concepción de la política.

Berlusconi fue el padre del populismo del siglo XXI. Vio antes que nadie la importancia de la televisión y planteó un modelo de comunicación desacomplejado, directo y atractivo que coincidió con la receta del Iglesias tertuliano. Iglesias estuvo en Italia en su etapa estudiantil y aprendió un estilo de comunicación política que le permitió triunfar en España. Fue una operación de populismo mediático que cuajó gracias al fundamental apoyo de La Sexta. Si Lenin tuvo el Pravda y Berlusconi Telecinco, Iglesias ha tenido La Sexta.

Analistas como Ignacio Varela han destacado las similitudes entre Podemos y Vox por tratarse ambos de partidos “populistas”. ¿Encuentra parecidos entre las dos formaciones?

Existen semejanzas en dos niveles. En el lenguaje, ambos partidos se han rebelado contra el politically correct. La lucha contra el “consenso progre” de Abascal es parecida al ataque a la “casta” de Iglesias. Ataque que, por cierto, Podemos copia otra vez de Italia. Luego hay el granero de votos. Ambos partidos intentan seducir a los marginados y tocan el nervio sensible de unas sociedades con bajos salarios y problemas irresueltos de convivencia. Desde las puertas giratorias, la Guerra Civil —que nunca pasan—, la partitocracia y el debate sobre la convivencia con los extranjeros, ambos partidos han querido rentabilizar el miedo y el odio con fines electorales.

Otros, como Ricardo Dudda, han negado que Íñigo Errejón sea un político más moderado que Iglesias. ¿Lo suscribe?

Dudda acierta en decir que el proyecto de Errejón es más protototalitario que el de Iglesias. Con su “ni derechas ni izquierdas”, Errejón aspiraba a un control absolutista de la sociedad. Iglesias jamás se creyó del todo esa fórmula. La utilizó de manera utilitarista, pero ahora ya la abandonado. Al respecto creo es importante recuperar la reflexión de Daniel Gascón, quien acierta cuando dice que Errejón defendió el pluralismo cuando era minoría en Podemos, pero ahora que controla a un nuevo partido es más autoritario que su viejo amigo. En la época posmoderna me asustan más las personas que, con buenas maneras, desean ser más autoritarios y déspotas que los que emplean un discurso en apariencia más duro.

Y un apunte final: Errejón es un lector de Gramsci, pero a la carta. Se ha quedado con el Gramsci joven, sin entender que el otro, que murió en la cárcel por sus ideas —él sí, un preso político—, fue el padre intelectual del eurocomunismo. Iglesias, aunque no lo parezca, es más eurocomunista que Errejón, aunque Berlinguer y Pertini hubieran sido muy críticos con ambos.

El retrato que traza en el libro de Manuela Carmena poco tiene que ver con la visión angelical que muchos tienen de la exalcaldesa. ¿Cómo es realmente Carmena?

Carmena llegó a la alcaldía de Madrid siendo una jubilada desconocida a nivel político. Los pablistas le entregaron la cuarta institución más importante del Estado, y lo primero que hizo fue alejarse de la “chavalería”. En el medio, está una conjura acordada con Errejón y Rita Maestre que dejo al lector de Aquí mando yo. Sin duda, Carmena fue la mayor traidora de Iglesias y, paradójicamente, ahora lo es también de Errejón. Veremos pronto su acercamiento al PSOE de Sánchez. Es ambiciosa y quiere cerrar su carrera con un cargo de responsabilidad. Por ejemplo, el de Defensor del Pueblo.

En el libro señala que el acercamiento de Podemos al nacionalismo catalán representa un “callejón sin salida”. Sin embargo, ello no le ha impedido alcanzar un acuerdo de gobierno con el PSOE. ¿Cree que la postura de la formación morada ante el asunto catalán acabará pasándole factura al nuevo Ejecutivo?

El acuerdo de estos días con el PSOE es un espejismo. Aunque Sánchez le ha ofrecido a Iglesias una segunda oportunidad, el Podemos que aspiró a cambiarlo todo y liderar la Segunda Transición ha muerto. El problema de Sánchez es que es técnicamente un ignorante, es decir, que desconoce la historia y no sabe que cada vez que la izquierda moderada pacta con la radical, es la segunda la que le gana espacio. Preveo que Iglesias le robará mucho protagonismo a Sánchez.

En cuanto a Cataluña, el acercamiento de Podemos a los independentistas ha sido el gran error histórico de Iglesias. Perdió la oportunidad de resolver la contradicción histórica de la izquierda española y de convertirse en el gran protagonista de la Segunda Transición.

Los indicadores muestran que los catalanes castellanohablantes tienen menor nivel de renta, peores resultados escolares y peor movilidad social que los catalanoparlantes. ¿No debería un partido como Podemos, con su discurso de los de arriba y los de abajo, mostrar más atención a esta discriminación?

El problema de Podemos es que, aunque quiere dirigirse a las clases sociales más bajas, carece de una reflexión global sobre su misión. En Cataluña, en un principio, logró muchos votos en barrios y ciudades más pobres. Pero ahora ha revelado sus contradicciones. Nacionalismo e izquierda nunca son asociables. Es un falso histórico. Además, en Cataluña, Podemos ha sido más dogmático que en Madrid, y ha preferido buscar el apoyo de unas élites en crisis que, a partir del año 2012, han buscado un chivo expiatorio para no rendir cuentas cuenta sobre su pésima gestión económica. Hoy en día, Podemos en Cataluña es un amigo útil de las élites nacionalistas, que además son las más ricas de España. Si esto es solidaridad hacia los más pobres, pues apaga y vámonos.

Según el analista Gonzalo Gragera, si Podemos dice que hay presos políticos y derecho de autodeterminación es más por conveniencia electoral que por convicción. ¿Es así?

El asalto a los cielos de Podemos era el sorpasso al PSOE. Iglesias se la jugó todo en poco tiempo —la estrategia del todo o nada, como explico en el libro—. Pero al no lograrlo, ha intentado diferenciarse del PSOE con el acercamiento a los regionalistas. Y a medida que Podemos pierde votos —en tres años ha reducido a la mitad sus diputados— insiste más y más en un discurso tan vacío como destinado al fracaso, que es cuestionar a la nación.

En el último capítulo, concluye que si Iglesias se hubiese envuelto en la bandera española en lugar de colgarse el pin amarillo, es posible que la historia de su partido hubiese sido muy distinta. ¿Cuál hubiera sido?

Si Podemos se hubiese propuesto como fuerza regeneradora y nacional, es decir, si hubiera reivindicado sin complejos la bandera española, hoy pugnaría con el PSOE por la hegemonía de la izquierda. Y Vox ni siquiera existiría. Hubo un momento en el que Iglesias habló de patria, pero su pasado e ideología le ha impedido dar el gran paso. Ahora, si llega al gobierno tendrá otra encrucijada: si apuesta por acercarse a los separatistas, por ejemplo con un referéndum o más autonomía, cavará definitivamente su tumba. Y no me extrañaría ver en esa misma cuneta política también al PSOE.

Por Óscar Benítez.


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