Después de intensos meses de negociaciones por el bien personal de unos cuantos políticos, hemos asistido a la ceremonia de investidura de Pere Aragonés, nombrado presidente de la Generalidad (creo que le corresponde el número 11 en esa lista de elegidos). Otro presidente más en esta constante inestabilidad política catalana, de unos políticos que solo trabajan por una quimera y no por una realidad.
Se trata de una escenografía que ha quedado solamente para pequeños caudillos, pero que siempre vuelve a poner el contador a cero. Esta vez nos han prometido una república al servicio de la felicidad de toda la ciudadanía (ahora ya no solo nos ofrecen helado de postre, hemos mejorado). Por supuesto, un discurso plagado de intencionalidades políticas fuera de la legalidad y de la Constitución ¡faltaría más! Un ho tornarem a fer, otro referéndum, otras promesas de paraísos y prosperidad. Y todo ello envuelto de mucha agresividad, sí, agresividad y como dicen otros, crispación, pues vienen con exigencias, por supuesto, la amnistía y la autodeterminación. Por mucho que quieran vender la postura de la Generalitat y todo su ceremonial con palabras como justicia, libertad, feminismo verde o que nadie se quede atrás… se trata del cinismo propio de la nueva política que solamente va dirigida a la mitad de los catalanes.
Mientras Aragonés se siente investido por la divinidad, el Gobierno, desleal a sus siglas, amigo de filoetarras y progolpistas y todos aquellos que quieran destruir España desde sus propias instituciones, está preparando la compra de la fidelidad de los separatistas con unos indultos a los golpistas. En esta podredumbre política actual, dar un golpe de Estado se premia. Sánchez y sus cómplices pretenden perdonar la pena a todos aquellos que pusieron en jaque al Estado, pisotearon la democracia, las instituciones y patearon la Constitución. Así, Sánchez y su gobierno se va a convertir en cómplice de unos golpistas, cuestionando la actuación de la Justicia. ¿Se puede permitir que un presidente del Gobierno cuestione la Justicia, la democracia y se ponga del lado de un golpe de Estado? ¿Se puede permitir que un presidente del Gobierno llame venganza a la Justicia? ¿Se puede permitir que premiar la ilegalidad sea sinónimo de concordia y entendimiento? No, no se puede permitir. ¡Qué barato sale dar un golpe de Estado!
Pero, además, creo que este regalo no es lo que piden los separatistas, pues no quieren el perdón, quieren directamente que el expediente quede limpio. De hecho, exigen la creación de un Acuerdo Nacional por la Autodeterminación y la Amnistía. Siempre van más allá. Y en estas negociaciones por mantener el poder de unos y otros, estamos en medio la mayoría de españoles que, como pasa en Cataluña, nos vamos a convertir en moneda de cambio por mantenerse en el poder unos cuantos.
Pero deberíamos recordar a los golpistas, los del ho tornarem a fer, los de los indultos, los que confunden concordia con justicia y ley, los que gobiernan solamente para unos pocos, los de las grandes ceremonias, los del Gobierno y los del Govern, que han sido investidos gracias a la Constitución Española, esa que un día prometieron cumplir y hacer cumplir. Conviene recordarles que su poder no viene de Dios, que son investidos gracias a la Carta Magna. Conviene recordarles que prometieron respetarla y que en eso se basa el Estado de Derecho. Y por eso conviene recordar que los españoles no somos moneda de cambio para que unos golpistas se queden en el poder.
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