‘Els Segadors’: un himno polémico que podría ser un plagio

Poco después de las elecciones catalanas, un presentador de TV3 recriminó a la líder de Ciudadanos en Cataluña, Inés Arrimadas, que algunos diputados de su formación no hubieran cantado Els Segadors en el Parlament.

La ganadora de los comicios contestó que “poner en la televisión pública a gente que revise quien canta y quien no da un poco de miedo”. Su respuesta, sin embargo, no debió de convencer al senador de ERC Miquel Àngel Estradé, que en su cuenta de Twitter también cargó contra Cs por este asunto tildándolos de “ocupantes sin complejos”.

El episodio revela el carácter sagrado que para parte del separatismo ha adquirido el himno catalán, convertido tras el procés en un elemento irrenunciable de su liturgia. No en vano, en los últimos tiempos el cántico ha podido escucharse en el Parlament —con el secesionismo invariablemente puesto en pie— tras la aprobación de la ley del referéndum ilegal el 7 de septiembre, de la DUI el pasado octubre o durante la investidura de Quim Torra.

Mención aparte merecen impactantes imágenes como las de los Mossos cuadrándose ante una multitud que corea el himno en Mataró o de otra entonándolo en la Patum de Berga, que emocionan o inquietan según el prisma ideológico de quién las contempla.

No obstante, tanto unos como otros suelen desconocer que Els Segadors, compuesta por Francesc Alió en 1892 e himno oficial catalán desde 1993, podría ser, en realidad, un plagio de un antiguo cántico judío. La tonada en cuestión, que data del siglo XV, se titula Ein K’Eloheinu (“No hay nadie como nuestro Dios”) y acostumbra a cantarse en festivales religiosos y al término de la oración matinal judía.

Si bien su letra (“Alabaremos a nuestro dios, alabaremos a nuestro señor, alabaremos a nuestro rey, alabaremos a nuestro salvador”) no guarda relación alguna con el himno catalán, no puede decirse lo mismo de su melodía, cuya similitud con Els Segadors resulta innegable.

Al margen de su originalidad, el cántico catalán ha sido cuestionado en más de una ocasión por la beligerancia de su letra, poco acorde con la sensibilidad actual. Recordemos que la canción, que narra el motín de los segadores catalanes en 1640 hartos de los abusos de los soldados castellanos, incluye versos como “afilemos bien las armas”, “que tiemble el enemigo” o “buen golpe de hoz”. Ya en 1902, el fundador del catalanismo, Valentí Almirall, la tachó de “canto de odio y fanatismo”. Asimismo, Albert Rivera manifestó hace unos años que le resultaba difícil “entonar un himno cuya letra habla de los habitantes del resto de España como enemigos”. Por su parte, el músico Jordi Savall opinó recientemente que era un himno inadecuado por sus estrofas “despectivas y violentas”.

Curiosamente, la letra original del himno —tomada de un romance popular del siglo XVII— carecía de dicha agresividad, pero a principios del siglo XX el nacionalismo catalán la sustituyó por otra nueva con mayor carga política y reivindicativa.

La fabricación de mitos a medida por parte del separatismo no sorprende al profesor de filosofía política Félix Ovejero, quien sostiene que éste “siempre ha cultivado las ficciones porque necesita del agravio y el conflicto” para justificar sus fines. Según Ovejero, un grupo de “historiadores complacientes han cebado un pasado imaginario”, y juzga falso el relato que describe a Cataluña como un “pueblo colonizado”.


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