Sr. Salvador Illa, le pido perdón por parecerme obsceno que a usted le haya faltado tiempo para recibir, en el Palacio de la Generalidad, con todos los honores y rindiéndole pleitesía, a Jordi Pujol, como hacían los vasallos ante su señor feudal. Hace unos días el Sr. Illa, junto a unas fotografías escribió, al respecto, en su cuenta oficial de X (twitter): “L’expresident Jordi Pujol és una de les figures més rellevants de la història política de Catalunya. Ha estat un plaer rebre’l avui al Palau de la Generalitat.”
Sí, recibió a Jordi Pujol el gran gurú del nacionalismo catalán, que fue el que diseño e impulsó la llamada «construcción nacional de Cataluña», con su “plan de nacionalización” y adoctrinamiento a gran escala, en una operación de ingeniería social sin precedentes, que llevó a cabo durante su mandato (1980-2003). Que daría luego lugar a la locura del proceso soberanista. Sí, al corrupto Pujol, que con su clan han robado, durante décadas, a manos llenas en Cataluña. Desde el llamado “caso Banca Catalana” al que en 1984 unos “acojonados” socialistas decidieron pegar carpetazo.
Sí, a Pujol, el que escribió: «el hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido […], es generalmente un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España. Ya lo he dicho antes: es un hombre destruido y anárquico. Si por la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña. Introduciría en ella su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir su falta de mentalidad».
Sí, a Jordi Pujol al que como hicieron en su momento con el siniestro Lluís Companys, quieren ahora blanquear convirtiéndolo en un héroe y un mito de Cataluña. Algunos pensamos que las ideologías nacionalistas identitarias, han sido históricamente el germen del odio, del enfrentamiento y la división y siempre han sido enemigas de la libertad, la igualdad y la pluralidad.
El PSC y usted, Sr. Illa, llevan años comulgando con los principales dogmas del nacionalismo, dogmas que quieren hacer obligatorios. Hace unos días, respecto a la imposición del catalán, pedía a los castellanohablantes que «superen la comodidad del monolingüismo». Ustedes han pactado con ERC aplicar de facto el decreto lingüístico suspendido cautelarmente por el TSJC el pasado 5 de julio, que era un nuevo golpe a la inmersión lingüística en catalán. Que conminaba a las escuelas para que, como mínimo, un miserable 25% de las asignaturas se impartiera en castellano, idioma que, según datos de la propia Generalitat, utilizan habitualmente más del 60% de los catalanes. Son ustedes los que con sus imposiciones están haciendo cada vez más antipático el catalán.
Le pido perdón, Sr. Illa, por llevar tantos años combatiendo en Cataluña “una dictadura blanca muy peligrosa que no mata, pero que dejará un lastre muy fuerte” (con estas palabras lo predijo Tarradellas ya en 1985, en referencia a Jordi Pujol y el “pujolismo”), como combatí en su momento la franquista, cosa que la mayoría de ustedes no hicieron. Por querer una Cataluña de todos, donde se ponga freno de una vez al totalitarismo y las imposiciones nacionalistas, que la están llevando a la ruina. Y a una España unida donde se respete la democracia y se garantice el Estado de Derecho, la igualdad y la libertad de todos los españoles.
Le pido perdón, por coincidir con la opinión de algunos históricos e ilustres socialistas, que han salido a la palestra para denunciar, el alto precio que ustedes están pagando a los separatistas, por seguir en el poder. Me estoy refiriendo, entre otros, a Felipe González, Alfonso Guerra, Paco Vázquez, Nicolás Redondo o más recientemente Javier Lambán. Por pensar que ustedes y sus “progresistas” socios de En Comú Podem no tienen, el más mínimo, reparo en traicionar a una parte importante de sus votantes que viven en los barrios obrero, tienen como lengua el castellano y no se identifican para nada con el nacionalismo identitario, con el que ustedes pactan y en la práctica tanto se asemejan.

Le pido perdón, Sr. Illa, por no querer olvidar, ni permitir que sus amigos los golpistas (juzgados, condenados y ahora la gran mayoría de ellos indultados o amnistiados por ustedes) que en 2017 tan gravemente, dividieron y enfrentaron a los catalanes, y que llevan décadas dinamitando, en la práctica, la igualdad y la convivencia entre españoles, hayan sido premiados y se hayan ido al final de rositas, para que más pronto que tarde vuelvan a repetir su intentona golpista. El nacionalismo es insaciable y por si mismo no se detendrá ni retrocederá, los indultos y la amnistía han sido un antidemocrático paso más, ahora, cuando se recompongan, irán a por la autodeterminación y la soberanía, a lo mejor acompañados por ustedes.
Pero, algunos desde la sociedad civil, aunque nos marginen y nos silencien, aunque nuestros recursos sean paupérrimos, en esta lucha desigual de David contra Goliat, donde con frecuencia nos parece estar clamando en el desierto, vamos a seguir plantando cara a todas sus tropelías y al hecho de que una minoría separatista, desleal, supremacista y excluyente, con su aquiescencia, puede estar decidiendo el gobierno de España. No, Sr. Illa. Ni amnistía, ni autodeterminación. ¡Sánchez dimisión! ¡Puigdemont a prisión!
Salvador Caamaño Morado (portavoz de la Coordinadora de grupos de la Resistencia Cívica de Tarragona y ex dirigente local del PSUC y de CC.OO. en los años 70 y 80)
NOTA DE LA REDACCIÓN: elCatalán.es necesita su apoyo, en este contexto de grave crisis económica, para seguir con nuestra labor de defensa del constitucionalismo catalán y de la unidad de nuestro país frente al separatismo. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.



















