Mientras las familias y amigos no pueden verse por las restricciones sanitarias impuestas por la Generalitat, los separatistas campan a sus anchas por las calles de Cataluña.
La indignación de la ciudadanía va creciendo, día tras día, y debemos de verlo como algo humano y normal. Los hosteleros, por poner un ejemplo, ven como sus negocios se van a la ruina por las duras restricciones, mientras los fieles de Junqueras se apiñan para recibirlo como un héroe.
El punto álgido se vivió ayer en el Paseo de Gracia de Barcelona, donde un buen grupo de radicales separatistas se concentraron para en favor del rapero Pablo Hasél, que deberá entrar en prisión en los próximos días. No suficiente con eso se desplazaron a pie hasta la Delegación del Gobierno, con total impunidad.
Y no suficiente con ello, una vez allí levantaron barricadas y prendieron fuego a varios contenedores, lo que propició varias cargas de los Mossos. No esperen ningún tipo de condena de lo líderes separatistas, más bien todo lo contrario, miradas cómplices. Bochornoso, lamentable e indignante.
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