El secesionismo chacinero

Hay un determinado secesionismo irredento, generalmente subvencionado generosamente desde el Govern, para el que todo vale. Para estos chacineros de la política -lo aprovechan todo, como en la matanza del cerdo- cualquier ocasión es buena para descalificar y desacreditar a las instituciones del Estado español, partidos políticos constitucionalistas y Monarquía. Este secesionismo subvencionado, entrevistado y jaleado desde la radio y televisión pública catalana hasta la nausea, maquina acciones, utiliza palabrería gruesa y propicia situaciones políticas delicadas.

Lo hace con la esperanza de que los otros, el Ejecutivo español, reaccione automáticamente e irreflexivamente para aparecer como víctima, alimentando, así, la espiral de los conflictos camino de su soñada independencia. Esta estrategia de la tensión cuenta con el concurso y el beneplácito de un presidente de la Generalitat tan visionario como irresponsable. ¡Ahora le ha dado por vender una transición a la independencia corta y negociable con el Estado español!

El secesionismo chacinero no desperdicia nada, lo pone todo en juego. Anhela un resbalón de Mariano Rajoy y su gente, aspira a resquebrajar la unidad de criterio de los constitucionalistas jugando con definiciones, conceptos y eufemismos. En su fuero interno desean la aplicación del artículo 155, la suspensión de la autonomía e incluso la ocupación del Parlament por la Guardia Civil…

Pues bien, el secesionismo chacinero también salió a la calle el día 26 de agosto. No eran muchos pero sí ruidosos. Se manifestaron con banderitas verbeneras, pancartas y carteles arremetiendo contra el monarca. Lo hicieron aprovechando que miles de ciudadanos solidarios ocuparon la calle para expresar el rechazo al terrorismo y su apoyo a las víctimas. Oportunismo en estado puro el de los chacineros, instrumentalización de gentes que antes que enarbolar banderas les placía enarbolar sentimientos solidarios.

Seamos claros, al secesionismo irredento de los bien subvencionados se les vino el mundo abajo cuando el foco de la atención dejó de ser su cacareado 1-O. Les entro pánico. Corrieron a resituarse, se colocaron el mandil de chacinero patriótico y, como el cuco, depositaron su huevo en nido ajeno para que el calor de otros lo incubara. La resultante la han podido leer, u observar, ustedes en las redes sociales y en las crónicas de la prensa libre. Pero el objetivo de estas líneas no es sólo abominar de los que, sin alma, son capaces de jugar con los sentimientos de la gente. El objetivo de estas palabras es alertar a la ciudadanía de lo que se avecina.

Nos espera un mes bajo presión. Intentarán saturarnos, meternos hasta la médula el referéndum ilegal y cantarnos la milonga de la independencia que todo lo cura. La provocación cada día será mayor, más intensa, más desafiante. Resisten a la espera de una respuesta drástica que les sirva de excusa para llamar a la ciudadanía a la desobediencia activa, a ocupar la calle. Crearán, aún más si cabe, desazón y fractura en la sociedad catalana. Pero a los secesionistas chacineros eso les da igual, todo vale, todo sirve para sus fines.

Ojo pues a perderse en disquisiciones ideológicas y matices conceptuales a los que es tan proclive Pablo Iglesias; o a entretenernos en la fraseología buenista como la utilizada, cada vez más, por Ada Colau. Un servidor de ustedes está por la libertad de expresión, la paz y, si me apuran, por la república. Pero no va a consentir que los chacineros subvencionados le instrumentalicen como ya lo intentaron el día 26.

Prepárense. La fiesta no ha hecho más que empezar. A mí, como a muchos de ustedes, nos van a meter en la lista de los traidores, ‘botiflers’, gente a depurar, hipócritas y lacayos del régimen saudí. Y eso ocurrirá a no ser que, allá donde podamos, alcemos la voz para explicar que eso de la independencia es el camelo que utilizan los de siempre para perpetuarse en las poltronas.


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