El problema del PSOE es que tiene que aceptar lo que no puede aceptar y es que Pedro Sánchez es un pésimo candidato que ha conseguido un enorme rechazo en buena parte de la sociedad española. Si en el cara a cara mostró todo su arsenal de malos modos, y buena parte de la opinión publicada ha coincidido acerca del pésimo papel que hizo, lo que no pueden hacer los dirigentes socialistas es intentar vender que la culpa de que el debate fuera bronco fuera exclusivamente de Feijóo.
Hasta dirigentes teóricamente bien preparados como Félix Bolaños se han contagiado del estilo bronco y chulesco de Sánchez, y por defender al ‘jefe’ están perdiendo los últimos jirones de prestigio que les pudiera quedar. No se trata de ensalzar al candidato del partido rival pero si al menos de comprender la realidad y no tomar por tontos a los millones de españoles que vieron en directo el debate.
El estilo de Pedro Sánchez ni siquiera es original ya que lo heredó de José Zaragoza, ese olvidable diputado socialista que ha hecho un arte de la política como lodazal. Un partido tiene que conseguir despertar ilusión entre sus posibles votantes para que le den apoyo y hagan de agentes electorales. Lo de Zaragoza es otra cosa muy distinta.
El PSOE influido por el sanchismo con estilo ‘Pepe Zaragoza’ se ha convertido en una máquina de esparcir lodo que va a perder las elecciones. Y las va a perder porque los socialistas, en vez de intentar vender los logros que creen que el Gobierno ha alcanzado, están dedicados en cuerpo y alma a hablar de VOX. El «que viene Abascal» es difícil que funcione cuando la gobernabilidad de los últimos años ha dependido de Pablo Iglesias, Irene Montero, Arnaldo Otegi y Oriol Junqueras.

Las campañas de descalificación del rival , la política paranoica del «nos atacan y solo nosotros te defenderemos» solo le funciona a los nacionalistas, que están muy cómodamente instalados, tanto sus dirigentes como su electorado, en el victimismo y en echar la culpa a los demás de sus errores. Pero en un partido de larga tradición de gestión como el PSOE no puede más que fracasar.
Sánchez no va a perder ni por su gestión de la pandemia, ni por las consecuencias económicas de la guerra de Ucrania, ni por su política económica. Lo va a hacer porque ha conseguido que sus adversarios estén muy movilizados y muchos de los posibles votantes socialistas estén cansados y asqueados por todo el ruido generado por el Gobierno de coalición en los últimos años, por la arrogancia demostrada por Sánchez y por su dependencia de aliados que solo quieren la destrucción de España.
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