La desidia del Govern ha permitido que la peste porcina africana profane finalmente el término municipal de Barcelona. Lo que empezó como un foco aislado en el Vallès Occidental se ha transformado en una crisis sanitaria de primer orden en pleno corazón del área metropolitana. La falta de previsión de los socios del PSC en Madrid y de los separatistas en Cataluña ha dejado a la capital catalana expuesta a un riesgo innecesario.
El hallazgo de un jabalí infectado en el municipio barcelonés supone el fracaso de las medidas de contención previas. Hasta hace poco, el ejecutivo de Salvador Illa y sus socios se limitaban a observar cómo el virus rodeaba la ciudad desde Sant Feliu de Llobregat o ‘Lérida’. Ahora, la sierra de Collserola se enfrenta a un cierre total que evidencia la pérdida de control sobre la fauna salvaje.
La enfermedad no es nueva, pero su regreso al Estado tras dos décadas de ausencia señala directamente a la gestión de las administraciones. Desde el Ministerio de Agricultura, dirigido por el PSOE, hasta la consejería de Acción Climática, la coordinación ha brillado por su ausencia. Mientras los políticos se centran en sus cuotas de poder, los municipios del Vallès y el Baix Llobregat pagan las consecuencias de esta incompetencia.
Nueve localidades catalanas ya sufren las restricciones derivadas de los positivos detectados. Cerdanyola, Sant Cugat, Rubí y Terrassa forman parte de esta «zona cero» que el Govern no ha sabido blindar a tiempo. La mancha de aceite se extiende ahora hacia el sur, afectando a Molins de Rei y Sant Just Desvern sin que el ‘refuerzo de efectivos’ prometido parezca surtir efecto.
En los pasillos del Parlament, el conseller Ordeig ha intentado calmar los ánimos con palabras huecas y promesas de futuro. Ha reconocido que la tarea es «compleja» debido a la alta densidad de población en el entorno de la montaña. Sin embargo, la complejidad no debería ser una excusa para un gobierno que presume de gestionar mejor que nadie la realidad catalana.
El plan del ejecutivo consiste ahora en vaciar Collserola de jabalíes mediante capturas masivas. Es una solución tardía para un problema que se veía venir desde que se detectaron los primeros casos en noviembre. La lentitud burocrática del PSC y sus aliados se traduce, una vez más, en perjuicios directos para la movilidad y la seguridad de los ciudadanos.
La presencia masiva de jabalíes en zonas urbanas es un problema crónico que este Govern ha ignorado sistemáticamente. Ahora, con la peste porcina llamando a la puerta de las casas en Vallvidrera o el Tibidabo, las excusas ya no sirven. El separatismo y sus muletas socialistas han demostrado, de nuevo, que sus prioridades no coinciden con las necesidades de la gente.
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