El PSC de Salvador Illa se ha convertido en el maestro del equilibrismo político, manteniendo una calculada pose institucional mientras permite que sus socios preferentes de la izquierda secesionista pisoteen los símbolos del Estado.
Bajo un barniz de teórica moderación, el socialismo catalán asiste impasible a los desplantes constantes que ERC y la CUP dirigen contra la Corona o los tribunales de justicia. Esta estrategia del doble juego no es más que una claudicación ante el radicalismo para asegurar la supervivencia de Pedro Sánchez en Madrid.
La actitud del PSC es especialmente sangrante cuando se trata de las Fuerzas Armadas y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Mientras Illa se llena la boca hablando de convivencia, sus aliados exigen la expulsión del Ejército – esta misma semana la CUP ha exigido el cierre del cuartel en San Clemente Sasebas (Gerona) – y tildan de «ocupantes» a la Guardia Civil y a la Policía Nacional.
El socialismo catalán calla y otorga, permitiendo que el relato del odio se asiente en el territorio catalán sin una sola réplica firme que defienda a quienes garantizan nuestra libertad. No se puede pretender ser un partido de Gobierno y, al mismo tiempo, ser el respirador artificial de formaciones que insultan diariamente al Rey y a la Magistratura.
El PSC ha decidido que el poder vale más que la dignidad de las instituciones, dejando huérfanos a los catalanes que esperan una defensa cerrada del orden constitucional. Cada vez que un dirigente secesionista ataca la independencia judicial, el silencio de los socialistas resuena como una traición a los principios más básicos de la democracia.
Es en el ámbito local donde el cinismo del PSC alcanza sus cotas más altas. En muchas localidades catalanas, los socialistas no dudan en compartir pancarta o gestión con quienes promueven el acoso a las familias de los agentes de la autoridad.
La permisividad ante los ataques a las Fuerzas Armadas en lugares como San Clemente Sasebas es un insulto a la inteligencia. Permitir que la CUP lidere el discurso contra instalaciones militares estratégicas, mientras el PSC mira hacia otro lado, demuestra que el socialismo ha perdido cualquier brújula nacional. Prefieren sacrificar el prestigio de nuestras instituciones antes que arriesgarse a una ruptura con el separatismo que les mantiene en los despachos
No basta con ponerse la corbata y hablar de diálogo; la lealtad constitucional se demuestra con hechos y con la defensa de los símbolos comunes. La política de apaciguamiento solo ha servido para envalentonar a los más radicales.
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