Un buen amigo me decía, hablando de los socialistas, que nunca te puedes fiar de ellos porque militan en un partido de poder y siempre pondrán por delante la posibilidad de gobernar una institución que mantener sus principios. Siempre, en cualquier circunstancia, y sin excepciones.
Y tengo que reconocer que cuanto más veo la acción del Gobierno del PSC más razón tiene. No tiene nada que ver el Salvador Illa que se reunía con activistas constitucionalistas en 2018 y 2019 para intentar mostrarnos el apoyo de su partido a la causa constitucional con el Illa que habla con un tono y un discurso puramente nacionalista que deja a Jordi Pujol como un regionalista de antaño.
No tiene nada que ver el Salvador Illa que se manifestó el 8 de octubre de 2017 junto a un millón de catalanes leales con el resto del país que el Illa que recibe dos veces en el Palau de la Generalitat a una entidad golpista como Òmnium Cultural. No tiene nada que ver el Illa que, junto a Eva Granados, defendía modular la inmersión lingüística para evitar abusos contra los derechos lingüísticos de los niños castellanoparlantes que el Illa que ha creado una consejería de persecución lingüística y la ha puesto en manos de un fanático cercano a Esquerra Republicana.
El PSC puede asumir tranquilamente, y sin ningún tipo de tensión grave entre sus filas, estos giros porque todos tienen claro que el partido es solo una herramienta de poder. Y luego viene todo lo demás. Podrá salir alguna voz crítica – que las hay, y muy honestas – que plantee que ese no es el PSC de siempre, pero siempre serán voces muy minoritarias que no calarán en absoluto en el discurso oficial del partido ni crearán corrientes de opinión que puedan quedar problemas a la dirección.
Por eso el PSC está haciendo el trabajo sucio que los separatistas no pueden hacer que es desmontar lo que queda del aparato del Estado en Cataluña. Desde expulsar a la Policía Nacional de la Jefatura Vía Layetana o a la Guardia Civil de la vigilancia del medio natural, el servicio marítimo o de puertos y aeropuertos. Por eso la Delegación del Gobierno no persigue a los ayuntamientos separatistas que no cumplen leyes como de banderas o el hecho de tener el retrato del Rey en la sala de plenos.
Todo vale para conquistar una nueva alcaldía o un nuevo consejo comarcal. Y si de aquí un par de años tienen que decir lo contrario de lo que dicen ahora lo harán sin problemas. Entonces volverán a sacar la bandera de España a pasear y dirán «Lérida» en vez de «Lleida».
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