El XXI Congreso del Partido Popular celebrado recientemente en el recinto ferial de IFEMA (Madrid) ha sido todo un golpe sobre la mesa. Mensaje claro: hay alternativa, y se llama Alberto Núñez Feijóo. Frente a un PSOE entregado al chantaje separatista y a los delirios de Sumar, los populares ha exhibido unidad, serenidad y proyecto de país.
Feijóo ha dejado claro que se han de detener las concesiones a los enemigos del Estado. Basta de un Gobierno vendido a Puigdemont, Junqueras y Otegi. El XXI Congreso también ha sido un reconocimiento a Isabel Díaz Ayuso y a Juanma Moreno. Madrid y Andalucía son ejemplos de que otra política es posible. Mientras Pedro Sánchez pacta con fugados, el PP baja impuestos y crea empleo en las comunidades autónomas que gobierna.
No ha faltado tampoco la defensa de la igualdad entre españoles. Nada de privilegios fiscales para unos, ni cesiones lingüísticas para otros. Lo que se aplica en Badajoz debe valer en Tarragona. Esa es la España constitucional. Mientras tanto, la izquierda se revuelve. Atacan al PP por no plegarse al sanchismo. Señal de que el XXI Congreso ha sido un éxito.
Tampoco han faltado mensajes de política exterior. España necesita recuperar su prestigio internacional, sin dejarse jirones de prestigio atacando a países aliados y confraternizando con dictaduras como China o Turquía. Con el Gobierno actual España se ha convertido en una potencia de cuarta división.
Una imagen simbolizó todo lo que ha significado este XXI Congreso: una bandera de España ondeando en un pabellón lleno. Ni esteladas, ni banderas republicanas o palestinas, ni pancartas contra la Guardia Civil, ni pitadas al Rey Felipe VI. Solo el orgullo de querer gobernar España.
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