Para Ada Colau cualquier cosa vale, antes que poner a Jesús, María y José en el portal de Belén, de ahí que este año se haya gastado cerca de cien mil euros en un montaje ‘artístico’ que parece un trastero.
La alcaldesa de Barcelona solo respeta a los que piensan como ella. Los otros, son unos “fachas” que no tienen derecho ni al pataleo. Ella marca lo que es ‘progresista’ y aceptable, y que merece ser denigrado.
Ada Colau sería más honesta si dijera: “No pongo un pesebre tradicional porque la religión es facha, las tradiciones navideñas son fachas, y los que apoyan los pesebres son más fachas aún”. Sería un insulto, pero al menos diría lo que piensa.
Nuestras instituciones han de ser laicas, pero eso no quiere decir despreciar las costumbres positivas que están arraigadas en nuestra sociedad desde hace centenares de años. Si a Ada Colau no le gustan los pesebres, que no lo ponga en su casa, ni en su despacho, ni en las dependencias municipales. Pero el tradicional belén de la Plaza de Sant Jaume merece un respeto.
Comentario editorial de elCatalán.es
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