Ahora que ERC y Junts intentan disimular su odio mutuo con reuniones como la que hace unos días mantuvieron Carles Puigdemont y Oriol Junqueras en Waterloo, no está de más recordar un episodio que define a la perfección la situación real entre ambos, y que está recogida en el libro de Pablo Planas e Iñaki Ellakuría ‘Puigdemont. El integrista que pudo romper España’ (La esfera de los libros).
En una entrevista publicada por el diario francés ‘Le Figaro’ el 28 de enero de 2019, con Junqueras en prisión y Puigdemont fugado en Bélgica, el líder de ERC dijo que «yo me quedé en Cataluña por un sentido de responsabilidad con los ciudadanos«. Y se comparó con pensadores clásicos como Sócrates, Séneca y Cicerón, de los que dijo que «tuvieron la oportunidad de huir y no lo hicieron. Esa responsabilidad cívica y ética me impresiona mucho».
También añadió, en referencia a los políticos secesionistas en prisión, que «nosotros tenemos desgraciadamente la posibilidad de vivir la prisión desde el interior. Que un responsable político conozca la realidad de este otro lado tiene, yo creo, un valor ético”. A lo que Puigdemont, mordiéndose la lengua, contestó que «todos sabemos dónde estábamos y lo que hicimos, yo siempre he dicho que tendré paciencia hasta la sentencia; después, cada uno explicará lo que deba explicar”.
Esta es la auténtica realidad entre los dos líderes. Junqueras, y la dirección de Esquerra, se tomaron como una ofensa, tal y cómo se narra en el libro citado, que cuando Puigdemont consiguió el escaño en el Parlamento Europeo – Junqueras también consiguió los votos necesarios, pero al estar en prisión no pudo tomar posesión del mismo – montara un numerito.
«Sus primeras palabras en la cámara de Estrasburgo están dedicada a Junqueras su gran enemigo y argumento para para defender la opción de fuga y el ‘exilio’ según la denominación independentista. Que Puigdemont pida la libertad de Junqueras e incluso muestre un cartel con la leyenda ‘free Junqueras’ en la cámara europea es considerado por los republicanos como una auténtica ofensa».
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