
Parroquias como la de Sant Medir, en Barcelona, hay unas cuántas alrededor de toda Cataluña. Templos religiosos dedicados a la adoración de una ideología política excluyente, el nacionalismo, que lucen pancartas de «libertad presos políticos», lazos amarillos y pancartas de entidades separatistas, como la ANC o Òmnium Cultural. Obispados como el de Solsona que predican la ‘buena nueva’ del secesionismo, sea quién sea el titular de la diócesis.
Esta identificación desde hace décadas de un sector importante de la Iglesia católica catalana con el nacionalismo y el separatismo ha conseguido despoblar buena parte de los templos y los seminarios de vocaciones, convirtiendo a Cataluña en la comunidad autónoma con peores índices.
Según un estudio publicado por Oriol Trillas en el diario ‘El Mundo’ Cataluña es la región en la que hay un menor porcentaje de ciudadanos que se declaran católicos: un 56,60%. Solo una quinta parte cumple la obligación de ir a misa los domingos. Y cuenta con un 26,40% de ateísmo declarado.
Además, Cataluña es la comunidad autónoma en la que hay menos contribuyentes que marcan la «x» en la casilla correspondiente del IRPF para dar una aportación a la Iglesia católica (16,9%). Trillas añade que «los bautizos son anecdóticos, los matrimonios se reducen a los templos de mayor prestancia, las primeras comuniones son tan simbólicas que en muchas comunidades ya no se pueden juntar grupos de catequesis».

Esta situación de disminución de asistencia a las iglesias ha llevado al cardenal-arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, a reformar el mapa parroquial barcelonés, que reducirá las 208 parroquias actuales a 48. Trillas anuncia que no habrá un cierre masivo de templos, pero sí que muchos se reconvertirán solo en lugares de culto. Aunque el arzobispado prevé vender algunos de los edificios.
El autor del estudio informa que esta reducción que plantea Omella solo se va a llevar a cabo en la diócesis de Barcelona, pero resalta que «en el resto de Cataluña la eliminación parroquial se viene produciendo de facto desde hace años, con pueblos en los que solo se oye misa cada quince días o una vez al mes y sacerdotes que tienen encomendados más de diez pueblos y tienen que ir turnando las celebraciones».
El portal Germinans Germinabit, en un artículo publicado en marzo de 2019 hablaba de la crisis de vocaciones en Cataluña en una pieza de Trillas: «90 seminaristas en toda Cataluña. Una tasa de reemplazo sobre el total de sacerdotes activos tan exigua, que a nadie se le escapa los problemas que puede haber en la próxima generación, siendo especialmente graves en la Cataluña rural, donde el número de aspirantes va cayendo año tras año. Hace tan solo 8 años había 35 seminaristas en el Interdiocesano. El año pasado en las diócesis de Lérida, Solsona, Tortosa, Urgel y Vic no se ordenó ni un solo sacerdote. En Gerona y Tarragona, una ordenación. El panorama religioso de la Cataluña rural es estremecedor. Ya lo he repetido en más de una ocasión, pero si alguien volviese a los pueblos pequeños de Cataluña, después de ausentarse 25 años, creería que se halla ante extraterrestres. En aquellos pueblos, antaño tan católicos, es donde se ha producido una mayor deserción religiosa, sea en asistencia a misa, en bautismos, matrimonios, incluso en la mera imposición de nombres a los niños, que ya no tienen nada que ver con el santoral.

De los 90 seminaristas, 35 eran de la diocésis de Barcelona, y Trillas destaca la «distancia sideral de Madrid con 112 seminaristas, Toledo con 67, Valencia con 63, Sevilla con 51 y Cartagena con 38. Y esas diócesis también están reculando, pero no a los niveles aterradores a las que han llegado en los últimos 25 años las diócesis catalanas».
Aunque la secularización de la sociedad española es un factor muy importante en la reducción de las vocaciones y del número de fieles, los peores índices que acumula una región tradicionalmente católica como Cataluña indica que el nacionalismo está pudriendo a la Iglesia catalana, debido a que parte de sus sacerdotes y obispos han puesto sus templos y parroquias al servicio de una ideología disolvente.
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