El centro penitenciario Brians 2, en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona) ha sido escenario de un nuevo episodio de violencia extrema que se ha saldado con dos trabajadores heridos de consideración. Los hechos ocurrieron en el módulo 10 de las instalaciones, lo que obligó a activar de manera inmediata los protocolos de seguridad establecidos para contener la situación.
La chispa que desencadenó el conflicto se originó cuando un recluso advirtió a los operarios sobre una supuesta manipulación en la máquina expendedora de tabaco del departamento. Tras esta alerta, los responsables revisaron los registros de videovigilancia y comprobaron que dos personas habían introducido diferentes objetos en el dispositivo a lo largo de la mañana.
Ante estos indicios de irregularidad, la jefatura de servicios ordenó un registro exhaustivo de la celda que compartían los dos reclusos implicados. Durante la inspección dentro del habitáculo, los agentes intervinieron un televisor que carecía de etiqueta identificativa y cuyos ocupantes eludieron reclamar como propio.
La tensión aumentó cuando finalizó la revisión reglamentaria y uno de los internos, identificado como T.D.S., desobedeció la orden de acceder al interior de su celda. El recluso adoptó una actitud hostil, profirió insultos contra el personal y se colocó en una postura defensiva propia de un enfrentamiento físico.
De forma repentina, el individuo se abalanzó contra uno de los funcionarios y le propinó varios puñetazos directos en la zona frontal y en el pómulo izquierdo. Mientras perpetraba la agresión física, el preso lanzó consignas intimidatorias y amenazó de muerte de manera explícita al trabajador público.
Durante el forcejeo subsiguiente para tratar de neutralizarlo, ambos cayeron al suelo, instante que el agresor aprovechó para aferrar al agente por el cuello con evidente ánimo de asfixiarlo. La intervención de otros miembros de la plantilla evitó un desenlace trágico, aunque el atacante continuó oponiendo una fuerte resistencia mediante patadas y sacudidas.
La gravedad del altercado motivó la activación del código 2, movilizando a más personal de seguridad para inmovilizar al reo con grilletes y trasladarlo al departamento de sancionados. En paralelo, el compañero de celda, P.H., abandonó el recinto para abroncar e insultar a los empleados desde el pasillo.
Como resultado de este violento ataque, el funcionario principal sufrió diversas contusiones en el rostro y su indumentaria reglamentaria quedó manchada de sangre, precisando asistencia médica urgente. Una compañera también resultó afectada tras recibir un golpe en la mano izquierda y una laceración en la muñeca derecha durante el tumulto.
Ante lo sucedido, la plataforma sindical SICAP-FEPOL ha manifestado su rotundo rechazo a estos actos y ha expresado su solidaridad con los empleados agredidos. La organización ha subrayado que este suceso trasciende una simple falta de disciplina ordinaria y constituye un ataque penalmente punible contra la integridad física.
Por todo ello, los representantes de los trabajadores exigen a la administración autonómica que ejerza acciones legales contundentes, refuerce las plantillas y dote de mayores mecanismos de protección a los profesionales. Asimismo, han criticado la gestión institucional ante la creciente conflictividad que experimentan los centros penitenciarios catalanes.
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