La obsesión lingüística del nacionalismo catalán llega a extremos surrealistas. El escritor Jordi Puntí, cercano al soberanismo catalán, ha iniciado en redes sociales una campaña para «que en los paquetes de pasta — para hacer sopa de letras — salga la cedilla (ç)». Se supone para añadir un toque más ‘catalán’ a la hora de comer este popular guiso.
Las respuestas de los tuiteros a este mensaje han sido para todos los gustos, desde los que piden también la ele geminada en la pasta para sopa, a los que directamente se cachondean sugiriendo poner a hervir el popular juego de palabras cruzadas Scrabble.
Una de las respuestas más reflexivas la dio el tuitero @BurlaNegra1, que definió esta iniciativa de Jordi Puntí como un «problema imaginario» de «los ociosos del primer mundo». Una respuesta atinada para la iniciativa de Puntí, que fuera en serio o en broma, suena a surrealista cuando la sociedad catalana está partida en dos a causa del fanatismo secesionista.
La capacidad del nacionalismo catalán para debatir sobre cualquier asunto nimio relacionado con la lengua catalana es infinita, y esta obsesión es una de las razones del retroceso en el uso social en Cataluña de este idioma.

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