🗣️ @sanchezcastejon, sobre si ha estado sobre la mesa un viaje del rey a Ceuta: «¿Cuántas veces ha ido el rey a Ceuta y Melilla? Hay argumentos y razones suficientes para que se dé la visita. Se hará cuando se den las condiciones para ello»
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— Hoy por Hoy (@HoyPorHoy) August 31, 2026
Pedro Sánchez vuelve a recurrir a la confrontación institucional para oxigenar su agenda política. Esta vez, el foco de sus críticas ha sido de manera directa la Jefatura del Estado. En una entrevista en el programa Hoy por hoy de la SER el presidente del Gobierno ha lanzado un dardo al Rey Felipe VI cuestionando sus visitas a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
Sin embargo, el argumento utilizado por el líder del Ejecutivo parte de un error evidente. Sánchez afirmó rotundamente que el monarca lleva dos décadas en el trono para afearle su agenda internacional e institucional. Una cuenta matemática simple desmonta semejante aseveración. Felipe VI fue proclamado Rey tras la abdicación de Juan Carlos I en junio de 2014, por lo que su reinado suma doce años y no veinte.
No se trata de un simple despiste de memoria, sino de un marco narrativo diseñado para restar relieve a la Corona. Al inflar deliberadamente el tiempo de reinado del monarca, el presidente busca proyectar una imagen de pasividad que no se ajusta a la realidad. Resulta inquietante que la máxima autoridad del Gobierno utilice datos falsos para desgarrar el prestigio del Jefe del Estado.
El verdadero objetivo de esta maniobra es puramente propagandístico. Sánchez contrapuso la supuesta inacción real con su propia labor protocolaria, presumiendo de ser el jefe del Ejecutivo que más ha pisado suelo ceutí y melillense en democracia. Con este ejercicio de egolatría, el líder socialista pretende erigirse en el único garante de la soberanía nacional frente a la institución monárquica.
Esta estrategia de constante autopromoción oculta responsabilidades mucho más profundas sobre la política exterior e interior. La tibia gestión de la reciente crisis migratoria en Ceuta ha dejado al descubierto las debilidades del Gabinete. En lugar de asumir un desgaste político evidente, La Moncloa prefiere fabricar un culpable externo y desviar el foco mediático.
La tirantez con la Zarzuela no es casual ni fruto de un calentón dialéctico. Responde a una pauta de alejamiento progresivo que el PSOE ha tolerado durante su mandato. La exclusión del monarca en citas clave es un síntoma claro de cómo la Moncloa gestiona el poder sin contar con el resto de las instituciones del Estado.
Un ejemplo flagrante de esta marginación ocurrió en la convocatoria del Consejo de Seguridad Nacional tras los gravísimos episodios vividos en la frontera sur. Pese a la gravedad de la situación, el Gobierno decidió no invitar al Rey a presidir dicho órgano. La ley faculta plenamente la presencia del monarca en estas reuniones de máxima relevancia nacional.
Al prescindir de la figura de Felipe VI, Sánchez evitó compartir el liderazgo visual en un momento crítico para la seguridad colectiva. Prefirió monopolizar la foto y el mando antes que trasladar un mensaje de unidad institucional sólida. Esta exclusión deliberada supuso una falta de respeto hacia la máxima representación del Estado.
Preguntado posteriormente por esta ausencia y por la disposición del monarca a viajar a Ceuta, el presidente echó balones fuera. Se escudó en el secreto de las conversaciones de despacho para no dar explicaciones claras. Un ejercicio de opacidad habitual cuando las decisiones monclovitas rozan el límite de la cortesía institucional.
La utilización de la Corona como ariete de distracción política demuestra el deterioro de la lealtad institucional en el actual Ejecutivo. Tratar de tapar los agujeros de la gestión propia inventando años de reinado y reprochando viajes no es propio de la alta política. España necesita estabilidad institucional y verdades concretas, no relatos manipulados para el beneficio electoral de Moncloa.
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