Cada vez que España vuelve la mirada hacia Ceuta, yo regreso a mis años de servicio en el Grupo de Regulares nº 54. En aquellos días aprendí que Ceuta no es solo una ciudad: es una frontera que exige disciplina, serenidad y un compromiso permanente con la seguridad y la convivencia. Esa experiencia marcó mi manera de entender el servicio público y la responsabilidad institucional.
Hoy, Ceuta es una ciudad distinta a la que conocí, más moderna, más compleja y más diversa. Según el informe anual de Seguridad Nacional, su crecimiento demográfico, su papel estratégico y la presión que soporta como frontera exterior de la Unión Europea la convierten en un punto crítico que requiere atención constante y decisiones claras. La FEMP ha subrayado en varias ocasiones que las ciudades frontera necesitan una coordinación reforzada entre administraciones y una respuesta institucional que combine firmeza, previsión y respeto a la legalidad. Ceuta ha sido históricamente un ejemplo de multiculturalidad y convivencia, y preservar ese equilibrio es una obligación del Estado.
En los últimos años hemos visto cómo distintas crisis en España han puesto de manifiesto la importancia de actuar con transparencia, anticipación y rigor. La ciudadanía reclama instituciones que respondan con claridad y que protejan sus derechos sin improvisaciones. Ceuta merece exactamente ese nivel de compromiso. Su integridad territorial, su seguridad y su convivencia no pueden depender de decisiones tardías ni de respuestas insuficientes. La frontera sur de España es también frontera de Europa, y su protección es un deber constitucional.
Por eso, la concentración convocada por la FEMP adquiere un significado especial. No es un gesto partidista ni una protesta contra nadie: es una expresión democrática de apoyo a Ceuta, a su integridad, a su convivencia histórica y a los valores que siempre han definido a la ciudad. Es un recordatorio de que Ceuta importa, de que su papel en la seguridad nacional es irrenunciable y de que su multiculturalidad es un patrimonio que debe ser protegido con responsabilidad y con visión de Estado.
El próximo 2 de septiembre, a las 20 h, en la plaça Santa Magdalena de Esplugues, nos reuniremos para defender a Ceuta desde la serenidad institucional y desde el respeto a una ciudad que ha sido siempre un ejemplo de convivencia y españolidad. Para quienes un día hicimos guardias en el Monte Hacho, conocimos sus barrios de Hadú y Benzú, embarcamos en la Paloma o compartimos mesa en los bares de la ciudad, Ceuta no es un concepto abstracto: es una experiencia vital que nos enseñó qué significa servir a España. Y hoy, más que nunca, esa ciudad merece que España esté a su lado con claridad, firmeza y responsabilidad.
Agustín Parra es diputado en el Congreso y portavoz del PP en el Ayuntamiento de Esplugues de Llobregat
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