Un hedor recorre Cataluña: la insoportable pestilencia del nacionalismo. Todas las fuerzas reaccionarias de la región se han unido en santa cruzada para propagar tan virulento mal: los independentistas, los populistas y hasta muchos de los que antaño se decían socialistas.
¿Qué partido de oposición no ha sido motejado de fascista por sus adversarios nacionalistas en el poder? ¿Qué partido de oposición a su vez, no ha lanzado, inútilmente propuestas para devolver a la gente la democracia envilecida por expoliadores, violentadores de las leyes y golpistas?
De este hecho resulta una doble enseñanza:
Que el nacionalismo está ya reconocido como una fuerza reaccionaria y empobrecedora de la democracia por todos los ciudadanos amantes de la libertad y la dignidad.
Que ya es hora de que los demócratas expongan a la faz del mundo entero sus conceptos, sus fines y sus tendencias, que se opongan al nacionalismo con decisión para que su voz se oiga por encima de a las consignas y acciones que, como en otras ocasiones vividas, no vuelvan a abrir puertas por donde el autoritarismo avance limitando nuestros derechos civiles que tanta lucha costó conseguir, e instaurando nuevamente el terror y la dictadura.
Con este fin, demócratas de las más diversas opciones están pendientes de unirse para iniciar las acciones necesarias para atajar esta peste que amenaza con hacernos retroceder siglos, No proponemos un «Manifiesto», parece que ya pasó la hora de ello y queda poco tiempo para demorarnos en discusiones inútiles.
Todos somos conscientes, o lo deberíamos ser, de los que nos estamos jugando.
Perdóneseme usar la cita de referencia histórica para comenzar este escrito. En Cataluña el nacionalismo no es un fantasma, es lo que nos ha hundido como comunidad, lo que ha enfrentado a la gente hasta sentirnos como enemigos, lo que ha deteriorado nuestra economía, lo que ha dañado nuestra confianza como sociedad, lo que nos avergüenza por su iniquidad y horrible presencia en sus manifestaciones. También es lo que destapa la enorme capacidad de la estupidez humana que, en vano intento de superar sus complejos y miedos, de asumir acríticamente posturas y propuestas de personajes nefastos, auténticos psicópatas sociales, faltos de humanidad y sobrados de la inteligencia de los malvados y degenerados.
No sé quien diablos propagó la idea de los catalanes como referencia positiva para el resto de los españoles. Algo debieron creerse de las ya antiguas patrañas inventadas sobre nosotros, así en grupo sin diferenciar, sin tener en cuenta que, como en cualquier comunidad somos unidades no sumables, con nuestras características propias algunas buenas, otras malas, algunas interesantes, otras despreciables.
¿Podemos aún pretender que hoy somos referencia de algo más allá de exportar una forma de comportamiento raro, dado a las excentricidades y actos ridículos vividos a diario, acomplejada por nuestra vulgar historia que pretendemos suplir con mentiras, estupideces sonrojantes y puesta en escena de una falsa arrogancia que tiene como base la falta de intelecto?
Aún hay gente a la que estos necios. malintencionados y maliciosos, englobados en el “puro” nacionalismo, o su vertiente vergonzante, el catalanismo, logran convencer de sus estultos argumentos a un minoritario, pero significativo número de personas, ¡y no solo en Cataluña!
Es increíble, pero llevados por coyunturas interesadas, hay quien abraza tanta estupidez para darle desde el poder o intentarlo, una pátina de aparente dignidad y humanidad. No nos fiemos: son los mismos malintencionados y rufianes quienes quieren mantener puestos y canonjías; los decentes, los no nacionalistas, les importamos una higa.
Y la realidad es que somos la mayoría, silenciosa o silenciada. Medios de comunicación serviles en la pugna por conseguir la subvención publica, incapaces de sobrevivir en base a su propio valor y eficiencia y abandonada toda intención de informar, siéndoles mas rentable ponerse de rodillas ante el poder, en Cataluña, pero también en varios rincones de España. Medios hundidos en el fango de la Cataluña nacionalista, expandiendo el insulto cotidiano a los demás, a los que no entienden que el supremacismo es la gloria y exclamando el sempiterno “Espanya ens roba”. Medios públicos miserables, periodistas y gestores merecedores de retiro absoluto y concesión de empleo mas noble, en cualquier lupanar.
Pero quizás alguien aún esté por hacer el manifiesto, quizás sea válido, quizás hay tema que demos por sabidos y no lo sean tanto. La ley electoral, la inmersión lingüística, el control de la corrupción institucionalizada, la gestión pública endogámica en favores, la…
Hasta ahora estaban en la cárcel algunos de los personajes mas siniestros del nacionalismo que, con sus acciones delincuenciales, fueron condenados en un juicio impecable y con todas las garantías y al que todos, todos, pudimos asistir y comprobar la necedad e incuria de los juzgados. No nos equivoquemos, hay muchos más, relevos inacabables, tan estúpidos tan miserables unos como ahora son iguales a los que reemplazan, fíjense en la Generalidad y en el Parlamento de Cataluña hoy, y cuando lo hagan, no respiren durante un rato, el hedor citado al inicio viene de allí. Y no se desvanece, crece. Y algunos en sedes gubernamentales lo saborean lo disfrutan, sintiéndose cómplices, tanto los traidores al socialismo como los adanistas del populismo, los orates del “progreso”. De los otros, de los “recogenueces”, al amparo de las bombas o las bestias que las ponían o justificaban y justifican, para qué hablar.
O dejamos de ser catalanes (muchos ya somos los que nos sentimos poco ejercientes de ello), o dimitimos de una sociedad que ya no entiendes y con la que forzadamente te sientes beligerante con parte de ella. O abrimos ventanas y ventilamos para, aunque todavía no podemos acabar con la peste nacionalista, hacer mas llevadero el hedor del nacionalismo y su ruta directa al fascismo y al totalitarismo más abyecto que nadie pudiera imaginar hace tan solo diez años atrás.
José Luis Vergara. Junio 2021
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