A Ada Colau y a sus amigotes nunca les faltará de nada, por eso pueden presumir de ‘anticapitalistas’. Que entre los sueldos públicos y las generosas subvenciones -ahora investigadas por la Fiscalía por lo escandalosas que son- a sus entidades más allegadas, eso de tener que preocuparse en conseguir una nómina o facturar para poder comer, no es algo que afecte al bienestar de los aliados y a los dirigentes de los ‘comunes’.
De ahí que a la número 2 de Colau en el Ayuntamiento, Janet Sanz, no le importe proponer cerrar fábricas de coches, o que sus concejales se dediquen a perseguir a los dueños de los bares que intentan mantener su negocio a flote. Ellos viven bien a costa de los impuestos de todos, sobre todo de los barceloneses ‘capitalistas’ que pagan sus impuestos.
Colau llegó al Ayuntamiento para cambiar el mundo, y solo ha cambiado su sueldo y el de su camarilla. En eso se ha quedado cierta izquierda, en llenar la ciudad de carriles bici, permitir el desorden y la delincuencia y ponerse altos sueldos. Y fracasar en sus proyectos, porque la luz sigue siendo carísima (¿qué se hizo de la suministradora municipal?), los alquileres están por las nubes y las desigualdades sociales siguen creciendo.
En lo único en lo que ha Colau ‘triunfado’ es en haber puesto buena parte de la izquierda catalana al servicio del separatismo, sobre todo gracias a la acción de su escudero Jaume Asens. Eso, el poner a los pies del nacionalismo supremacista a buena parte de la izquierda, lo ha hecho a la perfección.
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